Hace un año, cuando le dispararon a Miguel Uribe, sentimos que el país retrocedía a los tiempos en los que hacer política podía costar la vida.
Hace un año entendimos que el miedo volvía a amenazar nuestros hogares, nuestros sueños y el futuro de nuestros hijos. Pero también recordamos a un hombre que transformó el dolor de perder a su madre en la fuerza para servir a Colombia.
Hoy rendimos homenaje a Miguel. A su valentía, a su legado y a la esperanza que sembró en millones de colombianos.
Colombia no puede permitirse volver a ser un país donde los violentos tengan el control.