Los antiguos pueblos mesoamericanos tomaron dos criaturas que jamás podrían encontrarse — la serpiente que se arrastra por la tierra y el quetzal, ese pájaro de plumas color esmeralda que vuela entre las nubes — y las fusionaron en un solo ser. Quetzalcóatl. Serpiente emplumada. La idea era la más ambiciosa que puede tener una civilización: que lo más bajo puede elevarse hasta tocar el cielo. Que la tierra y el aire son el mismo movimiento en dos momentos distintos. Su figura atravesó culturas enteras — desde los olmecas hasta los mayas, pasando por los toltecas y el vasto Imperio Azteca. Los mayas lo llamaron Kukulkán. Los quiché de Guatemala, Gucumatz. Los huastecos, Ehecatl. El mismo ser con distintos nombres en distintos idiomas, lo que dice más sobre la profundidad de la idea que sobre la difusión de un culto. Quetzalcóatl fue también el nombre de un rey y sacerdote legendario que hacia el siglo X gobernó la mítica ciudad de Tollan o Tula, cuya memoria ha perdurado como ejemplo del soberano sabio, civilizador y benefactor de su pueblo. Topiltzin Quetzalcóatl, el hombre que llevó el nombre del dios, fue traicionado por Tezcatlipoca, su eterno rival, y tuvo que abandonar Tula. La leyenda dice que se fue hacia el oriente, se inmoló en una hoguera y sus cenizas se convirtieron en el planeta Venus, la estrella del amanecer. Prometió volver. Dentro de las leyendas relacionadas con Quetzalcóatl existe el mito que narra su partida hacia el este por mar después de haber gobernado en Mesoamérica. Se dice que prometió regresar algún día para traer paz y prosperidad a su pueblo. Cuando Hernán Cortés llegó del oriente en 1519, el año Ce Ácatl del calendario azteca que coincidía con el ciclo de regreso de Quetzalcóatl, Moctezuma recibió los presagios con la ambivalencia de un hombre que no sabe si lo que ve es un dios o una amenaza. Probablemente era las dos cosas al mismo tiempo. La serpiente que aprendió a volar tardó tres mil años en construir el mito. El mito tardó tres meses en ser utilizado para destruir la civilización que lo había creado.