HACIA UNA PEDAGOGÍA DE LOS IRRELEVANTES
Cuando Paulo Freire escribió Pedagogía del oprimido (1968), el mundo estaba atravesado por dictaduras, desigualdades extremas, procesos de alfabetización masiva y luchas de emancipación política en América Latina. Su propuesta supuso una ruptura profunda con la idea tradicional de educación. Frente a una enseñanza vertical, donde el profesor deposita contenidos en alumnos pasivos (la famosa “educación bancaria”) Freire defendió una pedagogía crítica basada en el diálogo, la conciencia y la capacidad de transformar la realidad.
La educación, decía Freire, no debía servir para domesticar a las personas, sino para ayudarles a leer el mundo y actuar sobre él.
Décadas después, muchas de aquellas intuiciones siguen plenamente vigentes. Pero el contexto ha cambiado. Las formas contemporáneas de exclusión ya no operan únicamente mediante la censura, la explotación o la ausencia de derechos. Hoy una parte importante del malestar democrático tiene que ver con otra sensación más difusa y difícil de nombrar: la irrelevancia. Millones de personas (y especialmente muchos jóvenes) no sienten necesariamente que se les prohíba participar. De hecho, pueden opinar, reaccionar, consumir contenido, votar, comentar o publicar constantemente. Sin embargo, eso no siempre se traduce en capacidad real de incidencia. Eso explica cierto nihilismo generacional "para qué participar si nada va a cambiar"
Por eso necesitamos actualizar parte del imaginario pedagógico y democrático del siglo XX. Porque si la pedagogía del oprimido buscaba devolver conciencia y capacidad de acción a quienes vivían bajo estructuras visibles de dominación, hoy necesitamos construir espacios capaces de devolver relevancia pública, agencia colectiva e imaginación política a quienes han crecido en entornos marcados por la saturación informativa, la precariedad, la ansiedad, la hiperindividualización y la sensación de impotencia sistémica.
A eso podríamos llamarlo, provisionalmente, una Pedagogía de los Irrelevantes. Una pedagogía que entiende que no basta con abrir canales de escucha si las personas no experimentan realmente su capacidad para producir sentido, imaginar alternativas y afectar colectivamente la realidad.
Esta es la base teórica de nuestro trabajo en proyectos como el HEY LAB Getafe. El Ayuntamiento de Getafe decidió salirse del carril habitual de las agendas urbanas. No convocó a los jóvenes únicamente para escuchar sus preocupaciones. Los convocó para imaginar, discutir y prototipar ciudad.
¿y si nosotros fuéramos la Concejalía de Futuros y Prospectiva? Todo lo que sucedió después fue muy emocionante.
Esta es la participación que debemos producir. Ni legitimización, ni teatrillo, ni soporífera, ni para convencidos... Agencia, sentido, imaginación, capacidades, potencia, afectos.
Gracias sonia puente landázuri por la apuesta. Siempre valiente. A mi brillante equipo . Mil gracias a los "relevantes".