🐒 La Privada del Bobo
(Fábula contemporánea sobre poder, miedo y silencio)
Había una vez un gobernante que no sabía gobernar.
No sabía escuchar.
No sabía resolver.
Pero sí sabía una cosa: mandar.
Y como mandar no requiere tanto talento, se convenció de que el mundo giraba a su alrededor.
Que si alguien hablaba, era porque él lo permitía.
Que si alguien se quejaba, era porque no había entendido lo feliz que debía sentirse.
Y que si alguien protestaba… era un enemigo.
Así que el gobernante decidió encerrarse en una privada.
Una calle cerrada con cámaras, bardas altas y un portón automático que se abría sólo si él aplaudía.
Allí mandó construir una oficina con mil pantallas, desde donde vigilaba lo que decían los vecinos.
Quería controlarlo todo: lo que se decía, lo que se pensaba, incluso lo que no se decía pero se sospechaba.
Y como no le gustaban los gritos, prohibió los altavoces.
Como no le gustaban las críticas, mandó tapar las bocas.
Como no le gustaba que la gente se reuniera sin avisarle, apagó el internet comunitario.
Instaló un letrero en la entrada que decía:
“Bienvenidos a La Privada del Bobo.
Prohibido pensar sin permiso.
Silencio es progreso.
La duda será interpretada como traición.”
Y cada vez que un vecino compartía una noticia que no le gustaba, la borraba.
Si alguien hacía una pregunta incómoda, le apagaba el micrófono.
Si una vecina filmaba un abuso, mandaba cortar la luz.
Y si alguien escribía en redes algo que le molestaba, le enviaba una multa… o una patrulla.
Al principio, algunos protestaron.
Pero el Bobo era terco.
Y los más prudentes aprendieron a callar.
Los más fieles fingieron aplaudir.
Y los más cansados se encerraron en sí mismos.
La Privada del Bobo se fue llenando de silencio.
Ya no había peleas.
Ni gritos.
Ni ideas nuevas.
Ni verdades incómodas.
Ni risas.
Hasta que un día, el Bobo se asomó al balcón y vio que la privada estaba vacía.
No porque la gente se hubiera ido…
sino porque ya nadie tenía algo que decirle.
Y en ese silencio que tanto había deseado, descubrió la peor de sus pesadillas:
el poder sin pueblo, la autoridad sin legitimidad, la voz sin eco.
Y por primera vez en su vida, el Bobo se sintió solo.
Solo con su ley.
Solo con su control.
Solo con su miedo a la verdad.
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🐾 Moraleja:
El que necesita apagar a los demás para sentirse fuerte,
acaba escuchando sólo el eco de su propio vacío.