El jesuita que impulsó el misterioso ascenso de Devitt en la mesa política libertaria
Ignacio “Nacho” Devitt no llega desde la nada. Fue un joven cuadro del PRO de Vicente López, concejal y dirigente formado bajo el paraguas de Jorge Macri. Su carrera empezó en la cantera macrista bonaerense, donde llegó a ocupar cargos municipales y a moverse dentro de la estructura juvenil del PRO.
Devitt fue parte de la primera camada de jóvenes PRO de Vicente López y luego concejal del distrito.
Pero, según fuentes que conocen de cerca su recorrido, la verdadera clave de la evolución política no está sólo en el macrismo ni en su posterior desembarco libertario. Se basa en su acercamiento al jesuita Rodrigo Zarazaga, fundador y rector del CIAS, una usina de formación política, social y territorial que desde hace años trabaja sobre elites jóvenes, dirigentes públicos, cuadros técnicos y futuros operadores de poder.
Devitt habría quedado resentido con el macrismo local luego de su salida del Concejo Deliberante y encontró en ese universo jesuita una nueva vía de pertenencia, formación y proyección. Allí, más que un simple alumno, se convirtió en un seguidor disciplinado de una red que combina política, academia, territorio, vínculos empresarios y circulación internacional de cuadros.
Zarazaga no es un cura de sacristía. Es un jesuita con doctorado en Berkeley, paso por Notre Dame, vínculos internacionales y una fuerte inserción en debates sobre política social, pobreza, clientelismo, liderazgo y construcción de poder.
Desde el CIAS y otros ámbitos, aparece como uno de los formadores silenciosos de dirigentes que luego terminan ocupando lugares en gobiernos, empresas, fundaciones y organismos de influencia.
Según fuentes inobjetables que siguen desde hace años estos circuitos, Zarazaga habría sido mucho más que un referente intelectual para Devitt, una guía política y espiritual en su proceso de alejamiento del macrismo clásico y de aproximación a sectores mileístas anti-Macri.
“No porque Devitt sea un mileísta puro, sino porque habría visto en La Libertad Avanza una escalera para crecer por afuera de las estructuras que antes lo habían contenido y luego desplazado”, dice un vocero que lo conoce muy bien.
Pasó por Philip Morris, por Genneia y terminó convirtiéndose en una pieza relevante del dispositivo de Manuel Adorni para la relación con el Congreso.
El punto más interesante es que Devitt parece representar algo distinto a la fauna libertaria tradicional. Viene de la política profesional, del PRO territorial, de las redes católicas de formación, del lobby corporativo y de un entramado donde conviven jesuitas, posgrados, becas, empresas, fundaciones y gobiernos.
Por eso su ascenso genera ruido. Porque mientras muchos lo leen como un simple pase del PRO a LLA, otros lo observan como una operación más sofisticada: un cuadro resentido con el macrismo que encontró en el mileísmo una plataforma para disputar poder desde adentro, con una agenda propia y una red previa que excede largamente a Adorni.
En esa trama aparece Zarazaga como un factor mucho más relevante de lo que suele admitirse. No sólo por su rol como formador de dirigentes, sino por su capacidad para tender puentes entre mundos que antes parecían separados: sectores sociales, empresarios, políticos, académicos, eclesiásticos y redes internacionales de posgrado.
Durante años, esos circuitos funcionaron como ductos silenciosos para colocar cuadros, becar jóvenes, acercarlos a universidades como Navarra o la Complutense y abrirles puertas en gobiernos y compañías.