El 6 de mayo de 1986 Jorge Luis Borges envió una carta a la agencia EFE en la que reclamaba intimidad para decidir dónde y cómo pasar sus últimos días, con "la determinación de ser un hombre invisible". Su transcripción es la emotiva reflexión de un hombre consciente del final, el suyo y el de su época.
"Les envío estas líneas para que las publiquen donde quieran. Lo hago para terminar de una vez por todas con el asedio de los periodistas y las llamadas y las preguntas de las que estoy cansado.
Soy un hombre libre. He resuelto quedarme en Ginebra, porque Ginebra corresponde a los años más felices de mi vida. Mi Buenos Aires sigue siendo el de las guitarras, el de las milongas, el de los aljibes, el de los patios. Nada de eso existe ahora. Es una gran ciudad como tantas otras.
En Ginebra me siento extrañamente feliz. Eso nada tiene que ver con el culto de mis mayores y con el esencial amor a la patria. Me parece extraño que alguien no comprenda y respete esta decisión de un hombre que ha tomado, como cierto personaje de Wells, la determinación de ser un hombre invisible".
Poco después, el 14 de junio de 1986, falleció. Hace hoy 40 años.