“No era solamente que no hablara; él parecía no tener intención de comunicarse, no mostraba interés en interactuar y su capacidad de concentración era casi inexistente. Fue alrededor del año y medio cuando empecé a notarlo.
La gente dice que tener un hijo así te hace mejor persona y que es una maravilla, y eso es mentira. Yo no me siento mejor persona y tener a Leo, desde luego, no es una maravilla. Incluso en días tranquilos estás esperando todo el rato que pase algo, no puedes descansar ni un momento.
Tratar a una persona con autismo tiene una gran complejidad, no todo el mundo tiene las capacidades para hacerlo. El futuro da mucho miedo, no siempre voy a estar ahí con él.”
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