Cuando una institución te hace ese tipo de regalos, no te los entrega sin una caja especial o una funda —generalmente de terciopelo— destinada a proteger la pieza. Además, siempre van acompañados de su documentación, que no suele separarse de la joya, donde se especifican el tipo de pieza, la cantidad y calidad de las piedras, si han recibido algún tratamiento térmico, el tipo de talla, las posibles imperfecciones y demás características.
Por eso llama la atención que, cuando aparecen ciertas joyas, la caja haya desaparecido, la documentación se haya evaporado y nadie parezca recordar su procedencia exacta.
Quizá sea una simple casualidad. O quizá sea que algunos prefieren almacenar valor en objetos algo más discretos y manejables que un paquete de billetes de 500 euros envueltos en papel de periódico.
España, al fin y al cabo, tiene una larga tradición de imaginación financiera.