Los "Sea Dogs" de la reina Isabel I: la deshonrosa práctica que los británicos intentan ocultar. 👎
En su conflicto con España, la reina Isabel I recurrió a todos los medios, lícitos e ilícitos, para debilitar a su odiado enemigo.
Los "Sea Dogs" (Perros del Mar) fueron uno de esos recursos: comandantes de barcos dedicados a la piratería que tenían la misión de asaltar a los galeones españoles y robar las valiosas mercancías que transportaban.
De este modo se obtenían dos resultados: enriquecer las arcas del Estado inglés y empobrecer las españolas.
Cada pirata poseía una patente de corso de la soberana que legalizaba el saqueo de las naves españolas según las leyes inglesas, pese a que aún no se había declarado la guerra entre los reinos de Inglaterra y España.
Todo comenzó en 1562, cuando el capitán inglés John Hawkins de Plymouth, con la aprobación tácita de la reina Isabel I, intercambió en el Caribe esclavos por oro, plata y azúcar, en abierta oposición al Tratado de Tordesillas, que impedía el comercio de esclavos.
En un primer momento las autoridades españolas no intervinieron, pero en 1568 la tercera expedición de Hawkins fue interceptada por un convoy militar español y arrasada en San Juan de Ulúa.
Este episodio no hizo que los ingleses desistieran: la reina decidió incrementar el número de corsarios, para lo cual firmó numerosas patentes de corso invitando a los miembros de la Corte a financiar estas empresas.
Al interés político y económico se sumó el religioso: la guerra contra España era también una guerra contra los católicos.
En este ámbito entraba la iniciativa por la que, entre 1569 y 1572, Inglaterra abrió sus puertos a los Watergeuzen (Vagabundos del Mar), corsarios de las Provincias Unidas, convirtiéndose en una especie de puerto franco de la guerra corsaria protestante contra el predominio de los Habsburgo católicos.
En 1577 John Hawkins fue nombrado tesorero de la Marina y potenció la construcción de embarcaciones cada vez más modernas y adaptadas al asalto de los potentes galeones españoles.
A partir de 1580, cuando Felipe II se convirtió también en rey de Portugal, se autorizó a los Sea Dogs a atacar los puertos y barcos portugueses.
A pesar de todo, Inglaterra siempre ha tratado de blanquear estas prácticas con absurdas estrategias como la leyenda negra.
Está en nuestra mano saber interpretar y divulgar la historia.
Sólo comparte.