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"Si nosotros nos vamos, ¿quién se llevará a nuestros muertos? Ellos viven aquí y no podemos dejarlos solos."
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D. Julio Cerón, que en paz descanse, dio con la caracterización justa de D. Enrique Tierno Galván, en un artículo, hoy ya ilocalizable, en el extinto diario "El Independiente", de Pablo Sebastián: 'Un alcalde que, derrotado en el fondo, se refugió en las formas".
Enrique Tierno Galván, el profesor que soltó la droga madrileña El izquierdista astuto y calculador que se vendió como sabio de cátedra mientras jugaba al oportunismo puro dentro del socialismo español. Ese fue Enrique Tierno Galván, nacido el 8 de febrero de 1918 en Madrid. Galván recorrió un camino marcado por la doble cara: antifranquista expulsado en 1965 por apoyar las protestas universitarias junto a otros catedráticos, luego exiliado temporal en Princeton y fundador en 1968 del Partido Socialista del Interior, que mutó en 1974 al Partido Socialista Popular. En los 70, su formación marxista no dogmática chocó con el PSOE emergente de Felipe González, que lo acusó de confusionismo y oportunismo. Marginado en la redacción de la Constitución de 1978, aceptó la integración del PSP en el PSOE en abril de 1978 a cambio de cargos y honores. Así llegó a la alcaldía de Madrid en abril de 1979 mediante un pacto con el PCE, reelegido en 1983, cargo que ocupó hasta su muerte el 19 de enero de 1986. Su gestión quedó marcada por la famosa frase de 1984 en una fiesta estudiantil: «el que no esté colocado, que se coloque». Mientras la Movida madrileña estallaba con sus excesos y la heroína cobraba vidas a millares entre la juventud, el Viejo Profesor soltó ese mensaje irresponsable que muchos interpretaron como un guiño a las drogas. La izquierda aplaudió el supuesto ingenio castizo y moderno, ignorando el daño real en una ciudad que él mismo intentaba pintar de vanguardia. Tierno supo mezclar el paternalismo cultural con bandos barrocos y populistas, pero bajo su mandato asomaron los primeros escándalos de corrupción en el socialismo postfranquista, aunque la narrativa oficial prefirió blindar su imagen de intelectual cercano al pueblo. Siempre se protegió a estas figuras que prometían transformación mientras practicaban el acomodo personal y el abandono de principios cuando les convenía. Tierno Galván demostró cómo el proyecto izquierdista prioriza el relato y el poder por encima de cualquier coherencia o responsabilidad con las consecuencias que deja en la gente.
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La línea de demarcación es clara y nos excusa de leer el artículo: hablar aquí de "expertos", como si la aconfesionalidad del Estado pudiera discutirse en los términos de un quehacer profesional o una técnica de relojería, es propio de imbéciles.
¿La visita del Papa vulneró la aconfesionalidad del Estado? Así lo ven los expertos eldiario.es/sociedad/catalun…
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Un ministro anuncia un acto del poder como si fuera una exclusiva periodística. A la degradación estética sigue la depauperación moral.
Mañana muy atentos al BOE.
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Juan Sánchez retweeted
En este vídeo leo el pasaje de mi traducción de la Odisea (La Oficina 2024) en que Odiseo le refiere a Penélope en el lecho reencontrado todas las aventuras que les hubo contado a los feacios. Es uno de mis momentos favoritos del poema, y de los que más me emocionó traducir. Odiseo lo vuelve a contar todo como una suerte de Odisea resumida que se vuelve un momento íntimo con su esposa, como para convencerse y convencernos de que nada de aquello, ni él mismo, ha sido un sueño. Música de fondo: Savina Yannatou/Primavera en Salonico. Feliz domingo.
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Juan Sánchez retweeted
Cuando tener hijos no es más que una opción, el aborto va de suyo en el mismo paquete ideológico de descomposición política y degradación moral. El hecho de dar la vida es sustituido por el ensimismamiento vital.
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Fijaos hasta que punto es un "proyecto personal" que puedes abortarlo porque "mi cuerpo, mi decisión, nosotras parimos, nosotras decidimos". Fijaos hasta que punto es una "cosa", que puedes deshacerte de ël como si fuese un quiste o una víscera prescindible. No solo puedes. Es un derecho.
Tu hijo es tu proyecto personal: inmersos en la era de los “niños cosa” eldiario.es/nidos/hijo-proye…
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Crónica de una infamia. Hace unos días @AfraBlanco tuvo a bien plantearnos ciertas cuestiones "elementales", tan superadas que "la discusión no debería ser difícil" : el aborto como "derecho humano", el aborto como "decisión", y además, como "decisión difícil". Le planteé un par de preguntas aún más elementales, pero que tocando una cuestión tan "elemental", deberían tener respuesta fácil o al menos "elemental" : -Si el aborto es la eliminación de una vida humana, ¿cómo podría ser un "derecho humano"? -Si el aborto es la eliminación de un conglomerado de células equiparable a un quiste o una víscera, ¿por qué es una "decisión difícil"? La respuesta fue el bloqueo. Pero el bloqueo no es en sí mismo ofensivo. El atropello es otro: predicar en una tertulia con ideologemas y tópicos que no aguantan el más simple asalto. En todo caso, es una canallada, una deshonestidad intelectual dolosa. Si la traigo a colación, es porque, además, en el asunto del aborto, ese razonamiento de la tertuliana es desde hace tiempo el núcleo duro de todos los defensores del aborto libre. Un núcleo duro hecho de una depauperación moral y filosófica extrema. El trabajo de tertuliano es un trabajo-de-mierda, en el preciso sentido en el que David Graeber lo decía en su ensayo: el mundo sería mejor si ese trabajo no existiera. Demasiado barata les ha salido esa dedicación al vandalismo, la propaganda y la ignorancia.
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¿Qué hacéis, musas, que no otorgáis los debidos honores a la labor de este hombre? ¿Y qué hacemos, tuiteros, enfrascados en trifulcas vulgares, cuando lo verdaderamente importante está aquí, en lo que corre peligro de pasar inadvertido?
¿Cómo presentarle la Odisea a alguien que no la ha leído? Se suele decir: La Odisea cuanta la historia de un hombre que, tras una larga guerra de años, quiere volver a su hogar, pero se demora muchos años más, entre aventuras, penurias y peripecias de todo pelaje. Finalmente lo consigue, mata a los usurpadores y recupera su trono, su palacio y el amor de su esposa. Lo cual es más o menos cierto, pero simplifica tremendamente la compleja arquitectura del poema. Hay dos formas, a mi juicio, de enfrentarse a esta obra: con la impaciencia de los pretendientes o con la paciencia de Penélope. Homero es hospitalario y admite ambas clases de lectores. Pero a la larga quienes reciben más dones son los segundos. De esa impaciencia tan adolescente que busca la aventura a toda costa también parecían participar los antiguos (y no tan antiguos) filólogos, a quienes les fastidiaban los primeros cuatro cantos en que Telémaco va en busca de noticias de su padre, el tramo conocido como la "Telemaquia", y por tal razón encontraban espurio todo eso. Diríase que también les frustraba el hecho de que Homero, al comenzar la plática con la musa, anuncia una cosa para postergarla a continuación. Lo contrario de la Ilíada, donde la prometida "cólera de Aquiles" se entrega casi al instante y con urgencia. Pero la Odisea no da comienzo con un Odiseo que tiene a Ítaca como su meta e ideal, para poner en marcha la maquinaria del viaje de regreso. Antes bien, los lectores aterrizamos desde el principio en la propia Ítaca, que es el epicentro del poema. Una "pedregosa Ítaca" cotidiana, palmaria y hasta triste, donde campan los desmanes de los pretendientes en palacio y todo es desorden e injusticia. Y donde Telémaco, que es a un tiempo personaje y lector de la Odisea, busca su lugar en la trama y en la vida. Homero comienza pidiéndole a la musa que le cuente algo de "un hombre". Como quien dice: "oye, ¿qué fue de Fulano?". Pero a continuación ese hombre no aparece por ningún lado. Por contra, en esos primeros cuatro cantos, el personaje de Odiseo se va construyendo como una ausencia. Y aquí tenemos una de las ideas que vertebran el poema, siempre obsesivo en torno a la memoria y su lucha contra el olvido: vivimos porque alguien se acuerda de nosotros, o piensa en nosotros. Y esa memoria es lo que impide que nos convirtamos en una casa vacía con las luces apagadas. Muchos cantos después, cuando el propio Odiseo viaja al Hades y habla con el alma de su madre muerta, le pregunta si hay alguien en Ítaca que se acuerde de él. Como quien teme convertirse en sueño, en olvido, en Nadie. Por supuesto, el lector adolescente que ansía sirenas, cíclopes y lestrigones obtendrá lo que buscaba. Casi escuchamos a Homero decir: "Aquí tienes tus sirenas, tus cíclopes y tus lestrigones. Que los disfrutes". Pero con el tiempo ese lector, si se deja llevar por el tesón de Penélope, descubrirá que la Odisea es el gran poema de la conversación junto al hogar en las noches largas e insomnes, al calor de la hospitalidad. Donde el mar y sus monstruos no es tanto el espacio habitado como un rumor recordado. Y es ese recuerdo convertido en narración lo que le confiere su sentido.
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Juan Sánchez retweeted
¿Cómo presentarle la Odisea a alguien que no la ha leído? Se suele decir: La Odisea cuanta la historia de un hombre que, tras una larga guerra de años, quiere volver a su hogar, pero se demora muchos años más, entre aventuras, penurias y peripecias de todo pelaje. Finalmente lo consigue, mata a los usurpadores y recupera su trono, su palacio y el amor de su esposa. Lo cual es más o menos cierto, pero simplifica tremendamente la compleja arquitectura del poema. Hay dos formas, a mi juicio, de enfrentarse a esta obra: con la impaciencia de los pretendientes o con la paciencia de Penélope. Homero es hospitalario y admite ambas clases de lectores. Pero a la larga quienes reciben más dones son los segundos. De esa impaciencia tan adolescente que busca la aventura a toda costa también parecían participar los antiguos (y no tan antiguos) filólogos, a quienes les fastidiaban los primeros cuatro cantos en que Telémaco va en busca de noticias de su padre, el tramo conocido como la "Telemaquia", y por tal razón encontraban espurio todo eso. Diríase que también les frustraba el hecho de que Homero, al comenzar la plática con la musa, anuncia una cosa para postergarla a continuación. Lo contrario de la Ilíada, donde la prometida "cólera de Aquiles" se entrega casi al instante y con urgencia. Pero la Odisea no da comienzo con un Odiseo que tiene a Ítaca como su meta e ideal, para poner en marcha la maquinaria del viaje de regreso. Antes bien, los lectores aterrizamos desde el principio en la propia Ítaca, que es el epicentro del poema. Una "pedregosa Ítaca" cotidiana, palmaria y hasta triste, donde campan los desmanes de los pretendientes en palacio y todo es desorden e injusticia. Y donde Telémaco, que es a un tiempo personaje y lector de la Odisea, busca su lugar en la trama y en la vida. Homero comienza pidiéndole a la musa que le cuente algo de "un hombre". Como quien dice: "oye, ¿qué fue de Fulano?". Pero a continuación ese hombre no aparece por ningún lado. Por contra, en esos primeros cuatro cantos, el personaje de Odiseo se va construyendo como una ausencia. Y aquí tenemos una de las ideas que vertebran el poema, siempre obsesivo en torno a la memoria y su lucha contra el olvido: vivimos porque alguien se acuerda de nosotros, o piensa en nosotros. Y esa memoria es lo que impide que nos convirtamos en una casa vacía con las luces apagadas. Muchos cantos después, cuando el propio Odiseo viaja al Hades y habla con el alma de su madre muerta, le pregunta si hay alguien en Ítaca que se acuerde de él. Como quien teme convertirse en sueño, en olvido, en Nadie. Por supuesto, el lector adolescente que ansía sirenas, cíclopes y lestrigones obtendrá lo que buscaba. Casi escuchamos a Homero decir: "Aquí tienes tus sirenas, tus cíclopes y tus lestrigones. Que los disfrutes". Pero con el tiempo ese lector, si se deja llevar por el tesón de Penélope, descubrirá que la Odisea es el gran poema de la conversación junto al hogar en las noches largas e insomnes, al calor de la hospitalidad. Donde el mar y sus monstruos no es tanto el espacio habitado como un rumor recordado. Y es ese recuerdo convertido en narración lo que le confiere su sentido.
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Nunca es tarde para recordar que el de periodista en su variedad tertuliana es un trabajo-de-mierda, de los que David Graeber hablaba en su célebre ensayo. Es decir, el mundo sería mejor si este trabajo no existiera. Viven de la ignorancia del público y de la corrupción moral. Los que trabajamos en el sector privado tenemos regulaciones estrictas sobre la cuantía de los regalos que podemos admitir. Hasta un par de botellas de vino puede ser un problema, y optamos por rechazarlas o devolverlas. Pero hay que aceptar que un par de acémilas, uno ex-ministro y otro periodista, escriba uno y difunda el otro, esta brutalidad.
La hipocresía de las joyas de Zapatero La columna de Miguel Sebastián eldiario.es/opinion/tribuna-…
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No es lo mismo un insulto que una injuria. Un ejemplo de lo primero : "Eres un hijo de puta". Un ejemplo de lo segundo : "Has prevaricado en el uso de tus atribuciones". Un juez tiene que estar de vuelta de esto.
CALLADITOS más GUAPOS. ¿Te parece justa la condena a Belarra por llamar "corrupto a un juez"? Pregunta del día (13/06/26). Mi opinión: el insulto no es solo de mal gusto, es ilegal. Queridos seguidores, os agradezco vuestra educación y elegancia. share.google/z0bMFrthibbfJoq…
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Los intereses del lobby armamentístico no se satisfacen recuperando el servicio militar obligatorio. De hecho, es contraproducente. Lo indicado es un ejército de mercenarios, entrenados e instruidos para el uso de tecnología avanzada. La conscripción obligatoria tiene sentido en la batalla de Stalingrado o en el desembarco de Normandía, no en una operación militar de policía para destruir un régimen y capturar a su máxima autoridad. Pero aún hay más. Si la izquierda rechaza el servicio militar obligatorio, es porque ha olvidado su genealogía histórica. La nación se alzó contra el Rey, la soberanía unió en unas mismas manos los derechos de ciudadanía y el fusil, y el ciudadano emancipado de toda servidumbre se convirtió en carne de cañón. En este proceso, la izquierda y los liberales fueron perfectamente cómplices. Es lo definitorio de la era revolucionaria. El regreso de la conscripción obligatoria tendría la virtud de recordarnos que el Estado, ese mismo Estado erígido en ídolo por las ideologías revolutionarias, no puede implantar otra forma de comunidad que la de un batallón.
El grupo PRISA tiene grandes intereses armamentísticos y de guerra a través del fondo Amber Capital, accionista de Indra. Esta es su portada en El País Semanal para defender la vuelta de la mili en España.
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La percepción personal de la maternidad y paternidad, y del embarazo, no surgen de la nada. Tienen una férrea conexión con la recepción social de tales fenómenos. Hoy, una chica de 20 años embarazada, o un chico que ha dejado embarazada a una chica, viven el hecho como una desgracia porque socialmente se interpreta como una desgracia. "Te queda mucho por disfrutar". "Tus estudios se verán perjudicados". El aborto libre forma parte de la misma atmósfera social, y de la ideología que la envuelve. Si el comportamiento individual es reflejo de lógicas "sistémicas" o "estructurales", como justamente reza el consabido catecismo, es una falacia desvincular el comportamiento reproductivo de ello.
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Y para muestra, este botón. "Tener 14 hijos es un capricho". Como apuntarse a un crucero o ir a cenar a un restaurante de lujo. x.com/_miriamdc_/status/2065…

si puedes permitirte comprarte un adosado y darte el capricho (porque lo considero un capricho) de tener 14 hijos y no te estás muriendo de hambre, no necesitas ninguna ayuda. A mi esta gente no me da ninguna pena
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La inmigración "enriquece". No se refieren al enriquecimiento económico, si lo hubiere. Se refieren a ese mito de la cultura, y de las culturas, como universos que se mezclan y superponen por simple agregación y sin incompatibilidad alguna. Conciben a los inmigrantes como el condimento de una salsa. Como portadores de un código de barras cultural que los identifica, como el ejemplar de una serie que los uniformiza. Son fetichistas de la cultura, porque no tienen ni idea de lo que quieren decir cuando hablan de "culturas".
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Hay un aspecto esencial en el cual Gustavo Bueno acierta: las culturas son incompatibles. No pueden no serlo. Si lo fueran, no serían culturas. Por eso tienden a relaciones de violencia o a la mutua incomunicación. Decir que son compatibles es reducirlas a un catálogo de trajes regionales y platos de cocina. En ese sentido sí son compatibles, tanto como el caldo gallego de primer plato y el cordero de segundo.
El adelantado Gustavo Bueno sobre el problema de la inmigración islámica.
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¡Viva España!
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