Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría. (Col. 3:5) El pecado en nuestra vida, trae miedo, confusión, duda y frustración. En Cristo lo podemos desechar y hacer morir las obras de la carne.