Paseo temprano dominical con mi Praga🐶 por el centro del pueblo. Calles en silencio y aire puro y fresco. Las casas de piedra y adobe, con sus puertas de madera antigua y balcones de hierro forjado, se alternan con algunas fachadas más modernas y discretas. El paseo es tranquilo. Se oyen los pájaros, el ladrido de algún perro y el sonido ocasional de alguna persiana que se abre. No hay prisa. Impera la paz. Los primeros rayos de sol iluminan suavemente las paredes encaladas y resalta los detalles de las centenarias casas señoriales. El recorrido termina en la plaza de la iglesia del pueblo. Su fachada de piedra, sencilla y sólida, ha visto pasar más de trescientos años y es un símbolo de que España es cristiana. Es un paseo sencillo, sin grandes paisajes ni monumentos espectaculares, pero que transmite una belleza serena: la de un lugar donde el pasado sigue vivo sin molestar al presente.
No hay nada como vivir en un pequeño pueblo.