…Catedrático de Historia Contemporánea…

Joined September 2009
1,519 Photos and videos
Pinned Tweet
El pisito. La mirada de Paco Cerdà Viernes, 12 de junio de 2026. El País publica una tribuna de Paco Cerdà, “Lo siento por ese chaval”. En apariencia habla del problema de la vivienda entre los jóvenes. En realidad, habla de algo mucho más importante: de la igualdad de oportunidades y de la libertad real. Debería ser lectura obligada para todos los públicos, pero especialmente para sociólogos, urbanistas, responsables políticos y también para especuladores y tiburones inmobiliarios. Merece destacarse la calidad estilística del artículo. Paco Cerdà posee una rara capacidad para combinar precisión y sensibilidad literarias. Sus mejores textos nunca se limitan a informar ni tampoco se reducen a la mera belleza verbal. Logran algo mucho más difícil, como es pensar a través de las imágenes. Las enumeraciones breves, el ritmo de ciertas frases, la elección de detalles concretos y la estructura circular del relato contribuyen a crear una pieza de enorme coherencia. El artículo comienza con un joven tumbado en una cama mientras sueña con su futuro. Termina aludiendo a otro joven que quizá ya no pueda permitirse ese mismo sueño. Entre ambas escenas se despliega toda una reflexión sobre la España contemporánea. En el artículo reaparece el recuerdo de aquel joven de dieciocho años (que él mismo fue) cuando llegó desde su pueblo a Valencia para poder cursar estudios superiores. Sin embargo, el autor no utiliza la evocación como un ejercicio de nostalgia. Reconoce que la memoria idealiza la juventud y, por ello, desplaza inmediatamente la cuestión. El problema no es que él eche de menos aquellos años. El auténtico problema es que muchos jóvenes ya no podrán vivirlos. La tesis es tan sencilla como poderosa. La crisis de la vivienda no solo dificulta el acceso a un techo, sino que también está destruyendo una forma de experiencia humana. Durante décadas, el piso de estudiantes fue una escuela informal de independencia. Quien no puede permitirse vivir en la ciudad donde estudia pierde mucho más que tiempo de ida y vuelta. En realidad pierde una parte esencial de su juventud. Al terminar la lectura, uno comprende que el problema de la vivienda es aún más grave de lo que reflejan las estadísticas. No afecta únicamente a la economía doméstica. Afecta a la movilidad social, a la construcción de ciudadanía y, en última instancia, a la calidad democrática de un país. “Lo siento por ese chaval” es uno de esos artículos que empiezan contando una vida y terminan explicando el estado anímico y anémico de un país. Bravo Cerdà. —— elpais.com/opinion/2026-06-1… —— #PacoCerdà #ElPaís #Vivienda #Universidad #MovilidadSocial #LibertadReal —— Ilustración: SR. GARCÍA
4
5
419
Antonio Muñoz Molina El brazo ejecutor Qué hermosa y certera lectura hace Antonio Muñoz Molina de un suceso desgraciado ocurrido días atrás. Es su artículo “Caer de boca”, publicado en ‘El País’ el 6 de junio. En él despliega su sensibilidad habitual, la propia de alguien que ha consagrado buena parte de su trayectoria a observar cuidadosamente y a describir lo visto y lo no visto con auxilio del arte y la disciplina de la imaginación. He sentido un ramalazo. Un ramalazo de emoción. En los textos de Muñoz Molina, la memoria nunca es un adorno melancólico. Es un músculo ético, si se me permite decirlo así. Quisiera contagiar la fascinación que me ha provocado a quienes aún no han podido leerlo. Quisiera producir ese efecto con el rigor cómplice que me dan —ustedes me perdonarán— los años de estudiar su literatura, su escritura. Verán, hay artículos periodísticos que nos estimulan el intelecto y otros que nos conmueven. El último texto de Antonio Muñoz Molina, titulado “Caer de boca”, reúne indiscutiblemente ambas cualidades. Muchos llevamos décadas habitando su universo literario, su caudalosa obra. En mi caso, eso además ha implicado analizar cómo su prosa es capaz de levantar edificios verbales y morales a partir del lenguaje de lo cotidiano. Digo esto para insistir en que estoy acostumbrado a sus logros. Pero el artículo “Caer de boca” se nos revela como una de sus piezas más bellas, enérgicas y, por encima de todo, necesarias. Muñoz Molina arranca con una disección casi pictórica de la vitalidad. Nos habla de la fuerza, de la juventud, del vigor físico. Nos detalla esas cuestiones con delicadeza y vibración. Pero, en Antonio, el elogio de la energía nunca es gratuito. Puede ser el preámbulo de un contraste brutal y devastador: la imagen de la profesora valenciana de sesenta y ocho años, empujada por un policía, cayendo al suelo. De boca. Es en esa caída donde el artículo se agiganta. Lo que podría haber sido una crónica de la indignación se convierte, por obra de su prosa, en una bellísima y feroz reivindicación de la escuela pública. Pero hay algo más, un matiz que solo la sensibilidad de Muñoz Molina sabe captar con tanta justicia: el texto es una defensa encendida de esas mujeres, ya retiradas de las aulas, que sostienen el andamiaje cultural de nuestro país. Se refiere a esas espectadoras y lectoras infatigables que frecuentan los clubes de lectura o que abarrotan los cines y los teatros, derrochando una energía espiritual que ya quisieran para sí los adalides de la fuerza bruta. No dejen pasar este artículo. Es Muñoz Molina en estado puro. Es el escritor que desecha la nostalgia para transformarla en dignidad. Es el moralista que nos recuerda que la verdadera fortaleza no está en un brazo ejecutor. La energía humana está en la cultura, la educación y la memoria. Como individuos siempre frágiles, esos nutrientes nos ponen en pie. —— elpais.com/opinion/2026-06-0…
2
3
14
580
Justo Serna retweeted
Replying to @JustoSerna
@JustoSerna es el autor de uno de los dos pirmeros títulos de la colección de ensayos breves QUÉ ES.
3
2
127
Justo Serna retweeted
“No se juzga por criminales a la comisión de selección, sino al hermano de Sánchez cuando tenía un CV y estaba dirigiendo orquestas cuando el presidente no sabía todavía qué iba a hacer en su vida” 📻 @iguardans en #ElAbierto 🎧 Audios de la tertulia: cadenaser.com/podcast/cadena…
143
1,030
2,361
42,315
Justo Serna retweeted
"El problema contemporáneo no es solo la proliferación de noticias falsas. Es también la degradación expresiva. Por eso resulta tan significativa la insistencia de Inmaculada de la Fuente en el estilo". @JustoSerna joseluisibanezsalas.blogspot…
3
3
253
Justo Serna retweeted
"Uno de los riesgos centrales de nuestro tiempo: la disolución de toda referencia compartida. La realidad deja de funcionar como límite común y el espacio público se fragmenta en percepciones inconmensurables" escribe @JustoSerna 😨 makma.net/transmodernidad-ro…
3
3
331
¿Da miedo la Justicia? Solo una vez he pisado la Ciutat de la Justícia, de mi ciudad, Valencia, como inculpado. Mi anciano padre, que entonces contaba ochenta años, y yo fuimos acusados de vandalismo y destrozos: se suponía que habíamos arruinado una motocicleta aparcada en la calzada. ¿Qué relación teníamos padre e hijo con la máquina? Para poder aparcar nuestro turismo sin dañarla, la desplazamos unos centímetros. La motocicleta no tenía daños visibles. Al cabo de unas semanas nos llegaron las respectivas citaciones del Juzgado. Una magistrada había aceptado la denuncia de un querellante: el papá de un adolescente crecidito que pilotaba una moto todoterreno. El caso parecía de chiste o de pesadilla. Ni mi padre ni yo teníamos suficiente corpulencia o fortaleza para infligir daños a aquella máquina. Tampoco teníamos razones para conducta tan incívica. ¿Por qué se admitió la denuncia? No lo sé. Durante el tiempo en que aquello se demoró y finalmente se resolvió vivimos meses de angustia. Sentíamos una incongruente culpabilidad. Finalmente fuimos exculpados. El denunciante fue obligado a abonar las costas, etcétera. Su hijito, el de la motocicleta, había tenido un serio percance un mes antes de los hechos denunciados. Adjuntó la factura o el papel que el mecánico le había expedido. Lo añadió como prueba: como justificante que revelaba nuestro acto vandálico. La falta de escrúpulos del denunciante y la disposición poco atenta de la magistrada que aceptó encausarnos agravaron mi concepto de la naturaleza humana. Alguien puede decir que tuvimos suerte, que la verdad siempre triunfa, que nos libramos gracias a la Justicia. No nos libramos. Vivimos una larga temporada de angustia. Cuando en el texto que abajo adjunto y destaco, Antonio Papell cita las asociaciones que ejercen la acusación popular en el caso de David Sánchez Pérez-Castejón, debemos convenir en que da miedo acudir a la Sala de Justicia. Rezas para ver qué magistrado te toca, para ver quién te denuncia y para ver si sales bien parado. El vandalismo ideológico se extiende. Punto y aparte Antonio Papell: Los partidos y asociaciones que han sentado en el banquillo al hermano de Pedro Sánchez y que ejercen la acusación popular son estos: Manos Limpias, Hazte Oír, Abogados Cristianos, Vox, Liberum, Iustitia Europa y el PP. Nuestro sistema judicial es, cuando menos, pintoresco. Con este personal ocupado, dicen, en la defensa de la legalidad, da miedo entrar en la propia sala de justicia. substack.com/@justoserna/not… substack.com/@antoniopapell/… —- La imagen no corresponde al caso. Aparece como mera ilustración.
2
7
1,469
Isabel Díaz Ayuso. Menudo atasco [2019] Mi amiga Ana Serrano se lamenta de que una persona así vaya a alcanzar la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Me refiero, claro, a Isabel Díaz Ayuso. Ana no le ve mérito alguno, pues sería una persona sin cualidades reconocidas, reconocidas para desempeñar dicho empleo. No le ve mérito alguno al menos si la comparamos con Ángel Gabilondo, un señor reflexivo, prudente, moderado y con capacidades intelectuales bien acreditadas. Ser catedrático no significa ser buen político necesariamente. Ya sabemos aquello que decía Max Weber cuando hablaba de la ciencia y la política: ambas como vocación y como profesión, ambas regidas por éticas muy distintas. Pero lo que hace preferible a Ángel Gabilondo no es que sea catedrático, sino su raciocinio y mesura. Punto y aparte. En el transcurso de la noche electoral, una amiga me dijo algo parecido a lo revelado por Ana Serrano. Me dijo, además, que sorprendentemente Isabel Díaz Ayuso era abogada del Estado. Vamos, que había superado dicha oposición. Increíble. Todo esto es así si escuché o entendí bien a mi amiga, que tengo el oído duro. Hemos de suponer, concluía yo en nuestra animada o desanimada conversación, que alguien con esos títulos y méritos (abogacía del Estado) no puede ser tan zote. No puede ser tan zote como es o aparenta ser, concluía yo, pensando quizá que mi sectarismo culpable (siempre culpable) no me había hecho ver lo que de verdad es Isabel Díaz Ayuso. No sé. Y, sin embargo, las desafortunadas declaraciones que le hemos escuchado a esta candidata durante la campaña, retadoras y con su punto de estupidez, prueban lo contrario. Insisto: declaraciones retadoras y con su punto de estupidez. ¿A qué me refiero? Pues a que no puedo dejar de ver lo que es palpable. Isabel Díaz Ayuso no parece tener freno ni muchas luces. Me temo que es un ser tirando a zoquete. Me temo que quizá yo no anduviera tan desencaminado, quizá no me nublara mi posible sectarismo. Punto y aparte. He querido comprobar los datos biográficos, su currículum, para compararlo con el nivel intelectual que demuestra cuando interviene en los medios. He podido hacer algunas averiguaciones (al alcance de cualquiera, por otra parte) y mi primera reacción ha sido la de estupor. Isabel Díaz Ayuso no es abogada. Menos aún, abogada del Estado. Mi amiga y yo estábamos equivocados. O yo solo, si oí mal. Díaz Ayuso se licenció en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense y de ella es doctoranda, añade el currículum oficial. Doctoranda, doctoranda... Cuando en un currículum se dice que uno es doctorando y ese grado, que no lo es, permanece durante años, eso significa que no hay ni probablemente habrá doctorado. Se atasca, vaya. Creo que hay otro doctorando inverosímil: Albert Rivera. No sé si ya ha retirado de su vida académica ese espantoso y originario gerundio. Es como si me matriculo en primero de sociología o de antropología o de latines y digo que tengo estudios de esas carreras. Lo siento, pero no. No tengo estudios. Volvamos al currículum. Tras graduarse, Isabel Díaz Ayuso estuvo ejerciendo determinados puestos en los gabinetes de Esperanza Aguirre y Cristina Cifuentes. Había ingresado en 2005 en el Partido Popular, justo cuando Pablo Casado ejercía la secretaría general de Nuevas Generaciones. Su vida laboral se reduce a eso. Es decir, es un producto del partido, es un producto de la ‘fontanería’ del partido. Es, pues, una gestora de puestos intermedios finalmente premiada con la candidatura a la Comunidad. Gestión de desechos... Si Dios y una hecatombe y un cataclismo no lo remedian, Isabel Díaz Ayuso será la presidenta. En menudo atasco se van a meter los madrileños [2019] —- Foto: Europa Press
1
246
Cuatro buenas razones… para leer y releer a Sergio del Molino, 1/ El título de estas páginas contiene una pequeña broma cultural. Está inspirado, aunque en sentido exactamente contrario, en aquel libro célebre y apocalíptico de Jerry Mander, ‘Cuatro buenas razones para eliminar la televisión’ (2004). Mander proponía apagar la televisión, desconfiar de su capacidad hipnótica y de la pasividad intelectual que imponía al espectador moderno. De la televisión se ocupa @sergiodelmolino en ‘El País’. Y no parece que apague el tubo catódico o, ahora, el plasma. De hecho, Del Molino se alimenta, entre otros nutrientes, de cultura televisiva para estar al día… Frente a Jerry Mander, querría proponer un gesto inverso: no apagar nada, ni siquiera la cultura basura, sino encender. Más concretamente, encender a Sergio del Molino. Abrir sus libros, entrar en ellos y dejar que su prosa, sus preguntas y sus obsesiones despierten algo que con frecuencia parece adormecido en una parte de la literatura contemporánea: la curiosidad. Porque eso es quizá lo primero que producen sus libros. Curiosidad. Una curiosidad que no se limita al argumento o a la peripecia narrativa, sino que se expande hacia la historia, la política, el arte, la memoria, los paisajes culturales y las biografías desplazadas. Uno termina leyendo más, pensando más y mirando de otra manera aquello que creía conocer de antemano. Y eso no ocurre tan a menudo. Hay autores cuya publicación periódica apenas altera la conversación pública. Y hay otros —menos frecuentes— cuya obra produce la impresión de continuidad, como si cada libro retomara una conversación anterior nunca del todo concluida. Sergio del Molino pertenece claramente a esta segunda categoría. Lo notable en él es que cambie constantemente de asunto sin abandonar ciertas obsesiones profundas. Puede escribir sobre la despoblación rural, sobre Felipe González, sobre una familia hispanoalemana o sobre una pintora vinculada a Goya y, aun así, el lector reconoce una misma mirada. La mirada de Sergio del Molino es una mezcla de inteligencia narrativa, ironía, curiosidad cultural y desconfianza hacia los relatos demasiado simples. Pero, además, hay otro aspecto decisivo: osu prosa. Sergio del Molino escribe muy bien sin caer jamás en el exhibicionismo estilístico. O en la prosa sonajero. Su escritura está muy trabajada, sí, pero nunca se vuelve desmedida, engolada o narcisista. Hay escritores empeñados en que admiremos cada frase. Del Molino, en cambio, consigue algo más difícil. ¿Qué? Que avancemos dentro de ellas con naturalidad absoluta. Su sintaxis tiene amplio respiro, que dicen los italianos. Puede pasar de la reflexión histórica a la observación íntima, del comentario político a la evocación cultural, sin brusquedad ni artificio. Y, sobre todo, evita un peligro muy frecuente: la cursilería. Cuando emociona, y logra emocionar a menudo, no recurre a la inflación sentimental. Cuando reflexiona, tampoco se refugia en el tecnicismo académico. Su prosa es elegante sin resultar aparatosa. O es culta sin volverse intimidatoria. Es precisa sin caer en la rigidez. Esa combinación explica en buena medida el placer intelectual que provoca la lectura de sus libros. Todo eso aparece de manera ejemplar en ‘La hija’ (2026), quizá una de sus novelas más delicadas e inteligentes. El libro gira alrededor de Rosario Weiss, discípula de Francisco de Goya y figura parcialmente absorbida por la leyenda del maestro aragonés. Ahí encontramos una de las grandes virtudes de Del Molino: su fascinación por las historias laterales. Le interesan los márgenes, las figuras desplazadas, las vidas que quedaron oscurecidas por relatos más poderosos. Continúa… 👇🏻
1
2
6
1,005
2/… Ya ocurría en ‘La España vacía’ (2016), en donde convertía los territorios aparentemente secundarios, los páramos, en centro de reflexión cultural. Y reaparecía en ‘Lugares fuera de sitio’, en ‘Los alemanes’ o en ‘Un tal González’, libros atravesados también por memorias ambiguas y relatos incompletos. En ‘La hija’, Rosario Weiss aparece justamente ahí en donde el archivo resulta escaso. Sabemos cosas sobre ella, pero nunca las suficientes. Y Del Molino convierte esa insuficiencia documental en materia literaria. La novela no intenta corregir retrospectivamente la historia del arte del Ochocientos ni convertir oa Rosario en heroína contemporánea. Hace algo mucho más inteligente: devolverle densidad narrativa, introducir incertidumbre y preguntarse cómo ciertas vidas quedan relegadas a figurar, como mucho, a pie de página. La gran cuestión del libro no es únicamente quién fue Rosario Weiss, sino cómo se construye la memoria cultural y quién decide qué nombres sobreviven y cuáles desaparecen. Conviene además insistir en algo importante: Sergio del Molino no escribe novelas históricas en el sentido convencional del término. No le interesa reconstruir el pasado como quien levanta un decorado de época. El pasado, en sus libros, nunca está muerto. ‘La hija’ transcurre parcialmente en el siglo XIX, pues aparecen Goya, Burdeos, el exilio liberal y la España fernandina, pero la novela no funciona como evasión histórica. Antes al contrario, nos obliga constantemente a pensar en el presente. ¿Cómo se fabrican los relatos artísticos? ¿Qué ocurre con quienes viven cerca del genio? ¿Qué parte de una vida desaparece cuando los documentos faltan? Esas son preguntas plenamente contemporáneas. Por eso, sus libros rehúyen la nostalgia ornamental. Incluso cuando trabaja con materiales históricos, Del Molino está hablando de sí mismo y de nosotros. Y lo hace sin convertir sus novelas en panfletos ni sus ensayos en sermones ideológicos. Ahí reside otra de sus virtudes. ¿Cuál? La de intervenir críticamente en debates contemporáneos sin perder nunca la complejidad literaria. Sus libros no buscan adoctrinar, sino incomodarnos, trastocar un poco nuestras certezas. Quizá por eso resultan tan estimulantes. Sencillamente desplazan el ángulo desde el que miramos las cosas. Después de leer ‘La hija’, Goya ya no aparece exactamente igual. Rosario Weiss deja de ser una figura secundaria. Y uno comprende que buena parte de la literatura consiste precisamente en eso: en alterar nuestra percepción de lo se nos antojaba conocido. Hay novelas inteligentes que terminan resultando frías. Y hay novelas emotivas que acaban siendo sentimentales. Sergio del Molino evita ambos extremos. ‘La hija’ nace de una emoción estética: la contemplación de un autorretrato de Rosario Weiss. Conserva continuamente esa tensión entre inteligencia y emoción. Primero sentimos; después interpretamos. Del Molino parece entender perfectamente que el arte nos afecta antes de que podamos explicarlo. Por eso recomendaría leer ‘La hija’ antes de que otros la expliquen demasiado. Antes de que el aparato crítico o erudito ordene todas sus interpretaciones posibles. Hay libros cuya primera lectura debería conservar intacta una parte de misterio. Este es uno de ellos. Y quizá esa sea, finalmente, la mejor razón para leer a Sergio del Molino. Sin más: sus libros no simplifican el mundo, sino que lo vuelven más complejo, más ambiguo y más interesante. ——- Enlace para conectarse a partir de las 19:30 horas del lunes 25 de mayo: meet.jit.si/clubdelecturasob…

1
134
Andrés Trapiello. Lo hemos perdido El artículo que Andrés Trapiello publicó en ‘El Mundo’ el pasado 22 de mayo no es un análisis político: es una ejecución verbal. Y lo más irritante no es ni siquiera su posición ideológica. A la postre, cada cual tiene derecho a cambiar, a endurecerse o a desencantarse tras una vida pasada plena de errores. Lo más descorazonador es el modo en que convierte el resentimiento en método… y la descalificación, en estilo. Entre la pléyade de artículos de opinión de todos los días hay algunos que discuten y otros, los menos en esta contienda de trincheras, que argumentan. Algunos incluso iluminan. Y luego están los que simplemente destilan repugnancia. El texto de Andrés Trapiello sobre Zapatero pertenece a esta última categoría. No analiza, simplemente condena. No sopesa, sino que escupe. Lejos de intentar comprender la complejidad política o histórica, Trapiello se entrega al placer de la demolición moral. Y eso resulta decepcionante y ya previsible en alguien que sabe escribir tan finamente. Aquí, el problema no es José Luis Rodríguez Zapatero. Ni siquiera la izquierda. El problema es la furia vengativa con que Andrés Trapiello redacta cada línea, esa mala uva que nutre el artículo entero, convirtiendo la prosa en un ajuste de cuentas. Hay algo casi obsceno en esa satisfacción verbal con que reparte suciedad, podredumbre, cadáveres, carne podrida, mierda, sayones y pestilencias. Como si la acumulación de injurias pudiera sustituir al pensamiento. Un escritor puede ser conservador, liberal, socialista o anarquista. Lo que no debería permitirse es abdicar de la inteligencia crítica. Y Andrés Trapiello renuncia aquí a ella para entregarse al linchamiento retórico. Por supuesto, da por condenado a Zapatero antes de cualquier prueba concluyente, aprovechando esa presunta culpabilidad para ajustar cuentas con décadas enteras de políticas que detesta y… a las que él perteneció. Todo vale. La Ley de Memoria Histórica, Cataluña, Venezuela, el independentismo, Rufián, Sánchez… El artículo funciona como una gran descarga de bilis donde cada enemigo recibe su ración, su admonición o, peor aún, su condena. Lo más triste es que Andrés Trapiello conoce perfectamente el poder de las palabras. Sabe lo que hace. Por mucho que cite a Gabriel Rufián, sabe que calificar de “mierda” un legado político no es un argumento, sino una humillación. Sabe que comparar implícitamente a un expresidente democrático con Al Capone no es crítica. Es propiamente es una intoxicación moral. Y uno acaba preguntándose qué queda en el columnista del escritor fino, del memorialista atento, del lector inteligente de Galdós y Cervantes, cuando se escribe desde semejante ferocidad. La literatura debería volvernos más complejos, más matizados, más conscientes de las ambigüedades humanas. En cambio, este artículo parece escrito desde las brasas, desde el goce de la hoguera. Parece como si el columnista tuviera la necesidad de carbonizar a todos sus adversarios, no de entenderlos y tolerarlos. Y eso, más que indignación política, produce tristeza intelectual. Lo hemos perdido. ——- elmundo.es/opinion/columnist…
8
6
10
5,204
¿Qué fue de la posmodernidad? ¿Seguimos siendo posmodernos… o ya habitamos otra cosa sin haber terminado de entender de dónde venimos? Durante años nos acostumbramos a palabras como “modernidad”, “posmodernidad”, “relativismo”, “deconstrucción”. Parecían conceptos reservados a filósofos y departamentos universitarios. Pero hoy esas discusiones siguen atravesando nuestra vida cotidiana mucho más de lo que creemos. Las redes sociales, la posverdad, los algoritmos, la hiperconexión, la sensación simultánea de exceso de información y falta de sentido… Todo ello y mucho más nos desconcierta. En este artículo publicado por la @revistamakma, reflexiono sobre ‘Transmodernidad’ (2026), un libro agudo, perspicaz, Rosa María Rodríguez Magda (@RosaRMagda). Y reflexiono sobre una pregunta que quizá nos afecta a todos, aunque nunca la formulemos así. ¿A qué cuestión me refiero? A esta… ¿En qué clase de seres humanos nos estamos convirtiendo dentro de un mundo cada vez más tecnológico, acelerado e inmaterial? No hace falta haber leído a Lyotard, Baudrillard o Foucault para seguir el hilo. Basta con haberse sentido alguna vez invadido por las pantallas, desconcertado por la velocidad del presente o extrañamente solo en medio de tanta conexión. Basta con haber padecido alguna vez saturación virtual o ansiedad informativa. Somos herederos de la ilustración, pero también somos herederos de los críticos del iluminismo. Reivindicamos la razón, pero sabemos que la razón tecnológica puede conducir al desastre. Sin progreso y, sobre todo, sin progreso moral no vale la pena la vida. Pero el horror a que nos conduce el avance tecnológico no es una patología, sino un síntoma y una sana advertencia.  Rosa María Rodríguez Magda nos ilustra, nos ayuda y, de sus iluminaciones, salimos con mejores recursos. Aquí: makma.net/transmodernidad-ro… ——— #Makma #RosaMaríaRodríguezMagda #Modernidad #Posmodernidad #Transmodernidad #JeanBaudrillard #Lyotard #Foucault #Tecnología #Algoritmos #Posverdad #CulturaContemporánea #InteligenciaArtificial #Globalización #Virtualidad #CríticaCultural #HistoriaIntelectual
8
22
1,588
¿A quien te llevarías a una isla desierta? Imaginen una isla en Nueva Inglaterra, una isla no exactamente desierta, pero sí distanciada de la costa. Es un enclave con costumbres ancestrales, con habitantes paletos y con maldiciones más o menos fundadas y remotas. Todo es rural y rancio. El Ayuntamiento de dicha localidad lo rige un alcalde empeñoso y algo tontorrón, encarnado por un entrañable Matthew Rhys (‘The Americans’). Quiere convertir su pueblo y el entorno en zona turística de alto standing. Algo así como la isla Martha’s Vineyards en la vida real. Para ello debe domar a unos personajes chispeantes, achispados y locuelos. Hay alcoholismo, tedio, miedo, fantasmas, presencias. Y hay una vida cotidiana con humor involuntario, con supersticiones, con traspiés, con sustos. La serie es un soplo de aire fresco en medio de la realidad hostil que nos rodea… aquí, en Estados Unidos y en la China Popular. Es una comedia de terror. Tiene guiños a múltiples films y series de la cultura popular: ‘La dimensión desconocida’, ‘Tiburon’, ‘Doctor en Alaska’, etcétera. Tiene innumerables referencias a Alfred Hitchcock, a Stephen King, etcétera. En este breve vídeo cuyo enlace está al final de este post se explica muy bien por qué no deberíamos perdernos ‘Widow’s Bay’. Yo la disfruto como un niño. Me rio y me asusto. Nada mejor para ejercer el escapismo… de la vida real. youtu.be/zMuG58xjNE4
1
239
☕️🖋️ Sobre el auto de Zapatero El auto comienza con errores de fecha como la cédula de citación que lleva en el pie de página la fecha "18 de mayo de 2025" pero el auto está fechado el 18 de mayo de 2026, algo que se puede subsanar. Pero acumula entre 15 y 20 páginas de doctrina genérica reutilizable que no añade nada al caso concreto, reitera argumentos centrales hasta desgastarlos, y formula un argumento para denegar el registro domiciliario que es una concesión táctica políticamente comprensible pero jurídicamente cuestionable. 👉El índice del auto lista el apartado "1.5. Representación gráfica" en la página 43, pero en el cuerpo del documento aparece mucho más adelante, en torno a la página 48. Los números de página del índice no coinciden con la paginación real del auto en varios apartados. Pequeño detalle, uno más, pero en un recurso de apelación puede usarse para cuestionar la solidez formal del texto que deja muchísimo que desear. También se localiza doctrina genérica copiada de otros autos. No añade nada que no estuviera ya establecido. Lo mismo ocurre con el fundamento quinto sobre el régimen legal de dispositivos digitales: la explicación del cloud computing ("su esencia reside en sustituir los dispositivos de almacenamiento clásicos por servidores de internet") es una explicación técnica digna del año 2010 que no aporta nada jurídicamente relevante al caso y que cualquier juez de instancia ya conoce o debería estar al tanto. 🧤El apartado sobre "realización de copias de trabajo" y "criptomonedas" está calcado casi literalmente de otros autos de la misma sección, incluyendo la referencia al expediente de contratación X250210SSSDE de la empresa Prosegur, que aparece dos veces en el documento: una en las diligencias y otra en la parte dispositiva. Duplicación innecesaria que infla el texto sin añadir valor para sumar más páginas y que parezca consistente. Quiero hacerles también hincapié a la denegación del registro domiciliario de Zapatero donde se incluye un argumento llamativo y potencialmente problemático: el juez argumenta que no procede el registro porque "la amplia difusión mediática y la notoriedad del procedimiento judicial en curso hacen razonablemente presumible que cualquier elemento incriminatorio habría sido ya retirado, destruido o trasladado." Esto es, en el fondo, argüir que no se registra su casa porque probablemente ya no queda nada que encontrar. Es un razonamiento que ningún tribunal debería articular así: equivale a decir que la publicidad del caso previa ha impedido asegurar la prueba, lo cual es, más que un fundamento jurídico, una confesión de limitación investigadora. Esto cuestiona de manera indudable la solidez del resto de la instrucción. 👉La frase "José Luis Rodríguez Zapatero se erige como el núcleo decisor y estratégico de la red" aparece formulada de tres maneras distintas en tres páginas distintas del fundamento tercero. En un documento judicial la reiteración no refuerza: al contrario, puede dar la impresión de que el juez está intentando convencerse a sí mismo o cubrir con volumen lo que debería sostener con prueba directa sin mayor conjetura. La expresión "esta fase embrionaria de la investigación" aparece en el texto dos veces, en páginas distintas. Si la fase es embrionaria, la extensión de 85 páginas del auto resulta desproporcionada en relación con ese calificativo. ✍️Una simple transcripción ocupa media página para ilustrar una anécdota interpersonal y así generar falsas expectativas. El auto autoriza el registro "desde las 07:30 horas del día 19 de mayo de 2026" cuando fue dictado el 18 de mayo a las 17:46 y notificado esa misma tarde. El margen temporal es de menos de 14 horas. Dada la magnitud del operativo (varios registros simultáneos, unidades UDEF, UCC, guías caninos, GOIT) la practicidad de esa simultaneidad está en entredicho. Si alguno de los registros se demoró y no fue simultáneo, la defensa puede alegar contaminación de prueba así como las cajas sin precintar que hemos visto en los medios de comunicación. El auto afirma repetidamente que Zapatero es "el líder estratégico" y "el núcleo decisor", pero cuando se analiza la prueba directa que le vincula a él personalmente, la base es llamativamente escasa en comparación con la extensión del documento. Lo que existe es esto: referencias a "ZP", "el amigo", "el presidente", "nuestro pana Zapatero" en conversaciones de terceros. El problema técnico es que ninguna de esas expresiones fue pronunciada por Zapatero. Son referencias que otros hacen sobre él. En términos probatorios estrictos, eso es prueba de referencia o prueba indirecta de tercer grado: A dice que B dijo que C (Zapatero) hizo algo. Es decir, una Aldamada. 🚨El auto por otro lado no recoge ningún mensaje de texto, audio, llamada ni comunicación directa de Zapatero. El auto imputa a Whathefav SL como sociedad instrumental de la presunta trama, con las hijas de Zapatero como administradoras formales. Sin embargo, en ningún momento del texto del auto se acredita que las hijas conocieran o participaran activamente en la supuesta actividad ilícita. El auto dice expresamente que son "administradoras formales" pero no las imputa. Eso genera una contradicción: si son meramente formales y no saben nada, la sociedad como tal es un instrumento pero ellas no son partícipes conscientes. Y si la sociedad recibe fondos ilícitos sin que sus administradoras lo sepan, el delito de blanqueo requeriría acreditar dolo o imprudencia grave, que el auto no desarrolla respecto a ellas. Zapatero figura como "autorizado" en sus cuentas, no como titular. Eso también tiene límites probatorios ya que cualquier padre así puede figurar y ningún supuesto las expondría de tal manera. Por otro lado, el auto describe detalladamente que la red intentó influir en la SEPI, en el Ministerio de Transportes y en el INAC venezolano. Pero en ningún punto demuestra, ni siquiera indiciariamente, que algún funcionario concreto recibió esa influencia y actuó conforme a ella. 💲Y vamos con algo que es inaudito: el auto acredita que Análisis Relevante transfirió 490.780 euros a una cuenta titulada conjuntamente por Zapatero y su mujer. Pero el propio auto reconoce que parte de esas transferencias "procederían del pago de facturas por la prestación de servicios profesionales derivados de su actividad actual, centrada en la participación en conferencias internacionales, labores de mediación, asesoramiento estratégico". A continuación lista 37 transferencias de Thinking Heads por 649.552 euros y otras de The Global Analysis por 352.980 euros, que son ingresos perfectamente declarables de una actividad legal de expresidente. El auto no distingue con claridad qué parte de los ingresos en esa cuenta procede de la presunta trama y qué parte de actividad profesional lícita. Mezcla todo para crear un efecto acumulativo que en juicio oral tendrá que desagregarse con mucha más precisión. Y saltamos a donde el auto menciona repetidamente a Gate Center como destinatario de fondos de Inteligencia Prospectiva (266.200 euros) y como organización "vinculada" a Zapatero, donde él ejerce de presidente del consejo asesor. Sin embargo, Gate Center es descrito como un "think tank sin ánimo de lucro" con actividad declarada de análisis geopolítico. El auto no justifica por qué los pagos de Inteligencia Prospectiva a Gate Center son ilícitos si Gate Center tiene actividad real, sede declarada y objeto social legítimo. No está imputado, no se registra. Se usa para establecer un circuito de fondos pero sin demostrar que los pagos a esa entidad carezcan de causa legítima. Los tres contratos de asesoramiento entre Plus Ultra y Análisis Relevante (2020, 2023 y 2025) por importes mensuales de 5.000 y 6.000 euros más IVA son perfectamente normales en el mercado de consultoría política e internacional. Que una aerolínea con rutas latinoamericanas contrate análisis geopolítico mensual no es en sí mismo sospechoso. El auto da por hecho que esos contratos son ficticios, pero la prueba que aporta para esa conclusión es básicamente que los informes los redactaba Sergio Sánchez y los maquetaba Whathefav, no que no existieran. En ningún momento se recoge el testimonio o la prueba de que los informes no se entregaron, no se recibieron o no tenían valor para el cliente. La ficción del contrato está más asumida que demostrada. 🧭Las lagunas más serias son tres. Primera, la ausencia de prueba directa de actos concretos de Zapatero en la trama más allá de dos archivos Excel y reuniones de las que no hay constancia de su contenido. Segunda, la falta de nexo causal probado entre la influencia ejercida y la decisión administrativa adoptada por la SEPI. Tercera, la ausencia de fundamento jurisdiccional para extender el tipo penal del artículo 428 CP a las influencias ejercidas sobre autoridades venezolanas. Todo lo demás son debilidades menores, formales o retóricas. Estas tres son las que cualquier defensa competente va a trabajar desde el minuto cero. 🥖Tiene mucha miga el auto que investiga a Zapatero pero no investiga los supuestos hilos, y eso, en sí mismo, dice mucho sobre hasta dónde llega esta instrucción. 🙇Disculpen este "tocho" pero considero relevante poner en contexto muchas cosas que pasan inadvertidas hacia la ciudadanía que solo recibe estímulos ad-hoc de odio.
298
1,669
2,751
242,071
Extranjeros para nosotros mismos, 1 Mercedes Halfon ha escrito un libro muy inteligente y liviano sobre Witold Gombrowicz (1904-1969). Cuando escribo liviano no lo digo con reserva, sino como halago. Halfon, escritora y periodista argentina de bien ganado prestigio, explora, rastrea, por momentos ilumina, pero no liquida, el secreto de una vida. Al menos,de partes de una vida: la de un biografiado a veces inaccesible, de múltiples facetas, de existencia y obras voluntariamente contradictorias. Al mismo tiempo y más allá de un individuo, Halfon ha desarrollado en su volumen una reflexión sobre la condición moderna. Lo hace empleándose a fondo y abordando una cuestión suficientemente vasta y compleja: la del sujeto que nunca termina de pertenecer, que siempre parece estar fuera de lugar. ‘Extranjero en todas partes’ no es únicamente la reconstrucción de los años argentinos del escritor polaco. Es también una meditación, ligera en apariencia, aunque más profunda de lo que resulta a primera vista, acerca de la extranjería como destino intelectual, lingüístico y moral. Por ello, quizá convenga empezar por ahí. El libro de Mercedes Halfon evita con tiento y con habilidad un error biográfico frecuente: convertir a Gombrowicz en personaje monumental. No asea al muerto. No lo embalsama. No lo beatifica. En fin, no lo presenta como un héroe cultural coherente. Al contrario: lo reintegra en su propia y cultivada teatralidad, lo muestra con sus contradicciones, lo exhibe con su megalomanía, con sus inseguridades y, sobre todo, con su permanente desazón, su continuo desacomodo. Gombrowicz no es solo un exiliado polaco que llega a Buenos Aires inmediatamente antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial. Lo que la autora hace es aproximarse a alguien que convierte la extranjería en un modo de vivir su propia extrañeza y en un medio de conocer y conocerse. El título del libro resulta entonces exacto. ‘Extranjero en todas partes’. ¿Dónde? En Argentina, desde luego, en donde desembarca casi accidentalmente en 1939 y donde permanecerá más de veinte años. Pero también extranjero en Polonia, su pais natal, territorio devastado, luego sometido al yugo soviético y al que ya no puede regresar. Extranjero en Europa. Extranjero en la alta cultura. Extranjero entre las ideologías dominantes del siglo XX. Extranjero para sí mismo. Ese último aspecto, el más profundo, es quizá el que la lectura del libro de Halfon suscita con mayor intensidad. La extranjería moderna ya no es solo una fatalidad o chiripa geográfica. Desde el romanticismo, y sobre todo desde Sigmund Freud, el sujeto occidental ha dejado de sentirse transparente para sí mismo. Ya no somos solo una conciencia ordenada y racional. Somos también impulsos, zonas oscuras, contradicciones, deseos opacos. Freud nos enseñó precisamente eso: que el yo no gobierna enteramente su propia casa. Y después de semejante revelación, todos somos, en alguna medida, extranjeros para nosotros mismos. No es casual que el siglo XX haya producido tantos grandes escritores desplazados lingüística y culturalmente. Por ejemplo, tenemos al polaco Joseph Conrad escribiendo en inglés. Tenemos a Vladímir Nabokov pasando del ruso al inglés. Tenemos al irlandés Samuel Beckett escribiendo en francés para alejarse de una identidad obvia. O tenemos a Julia Kristeva, búlgara afincada en París, cuando años atrás pensaba la extranjería como una condición íntima y no solo política. En ‘Extranjeros para nosotros mismos’, Kristeva formuló algo decisivo. El extranjero no está solamente fuera de sitio, sino que la extrañeza, aquello que ignoramos o que no nos resulta familiar habita también dentro de cada uno. La alteridad ya no es solo social o nacional: es exacta y decisivamente psíquica. Punto y aparte. Continúa… 👇🏻
1
1
1
247
2/ Gombrowicz pertenece plenamente a esa genealogía. Y Mercedes Halfon lo comprende muy bien. Por eso las mejores páginas del libro no son las dedicadas a los datos biográficos convencionales, sino las que muestran la relación conflictiva del escritor con el lenguaje, con la cultura y con la identidad. Ricardo Piglia, citado por Halfon, habla del castellano de Gombrowicz como “el idioma de la desposesión”. El contraste con Nabokov es brillante: mientras el ruso aristocrático escribe un inglés refinado y precoz, Gombrowicz, un “conde” polaco aprende el español en los bares del puerto, entre obreros y marineros, en el contacto físico y social de la calle. Ese detalle es capital porque define toda una moral estética. Gombrowicz sospecha de las lenguas demasiado pulidas, de las culturas demasiado seguras de sí mismas, de las identidades excesivamente compactas. La inmadurez, la imperfección y la inferioridad (que son el leitmotiv de su impulso literario) le parecen más fértiles que la solemnidad cultural. Cuando afirma que habría que enviar a todos los escritores al extranjero, fuera de su idioma, está defendiendo una poética de la desposesión: perder comodidad para ganar lucidez. Halfon insiste con inteligencia en ese motivo. El escritor polaco descubre en Argentina algo parecido a una “contraeducación”. Lejos de Europa, lejos de la alta cultura, lejos de los sistemas prestigiosos de legitimación, encuentra una experiencia más áspera, más física, más inestable. Y eso modifica radicalmente su literatura. El castellano defectuoso, el desclasamiento simbólico, la precariedad económica, la vida en pensiones y cafés, el trabajo rutinario en la banca: todo ello compone una pedagogía de la intemperie. Pero el libro no se limita a seguir al escritor. También sigue a sus lectores, a sus discípulos, a sus supervivientes. Y ahí aparece otro de los grandes méritos de Mercedes Halfon: entender que una figura literaria no se construye solo con obras sino también con devociones. Los jóvenes de Tandil que lo acompañan, los admiradores que lo convierten en leyenda, los herederos dispersos que décadas más tarde continúan hablando de él como de una presencia viva, todavía activa: todos forman parte del “personaje Gombrowicz”. Halfon, además, se introduce ella misma en la investigación con una discreción muy eficaz. No invade el libro; lo habita. Pregunta, conversa, escucha, viaja, duda. Y eso se hace explícito entre sus páginas. Esa presencia de la autora vuelve más contemporánea la biografía. Ya no estamos ante el viejo modelo del biógrafo omnisciente. Halfon exhibe el proceso de búsqueda y acepta que toda reconstrucción es parcial, fragmentaria, tentativa. El resultado es más móvil y más humano. Hay, además, una notable inteligencia estructural en el libro. La autora no organiza la vida de Gombrowicz como una secuencia heroica de acontecimientos decisivos. Prefiere construir un sistema de voces, recuerdos, escenas laterales y reverberaciones culturales. Gombrowicz aparece así como una figura excéntrica que modifica a quienes lo rodean, incluso décadas después de haberse marchado. El libro termina siendo menos una biografía tradicional que un estudio sobre la persistencia de una influencia. Quizá por eso mismo la lectura produce un efecto singular: fascina. Uno admira continuamente la inteligencia narrativa de Halfon, la calidad de la documentación, la agilidad de la prosa, la precisión con que administra materiales culturales complejos. Pero el libro evita el exceso, evita el vértigo, evita incluso el contagio pleno de la locura gombrowicziana. Mantiene cierta distancia: diríamos que periodística. Y acaso ahí resida también su límite. El lector termina muy interesado por Gombrowicz, muy estimulado intelectualmente, pero no necesariamente arrasado por el libro. Continúa… 👇🏻
1
125
3 / Aunque quizá esa moderación sea deliberada. Después de todo, Gombrowicz fue un escritor de la incomodidad. Convertirlo en un personaje perfectamente explicable habría sido traicionarlo. En este punto, el lugar de Mercedes Halfon dentro de la literatura argentina contemporánea merece una consideración particular. Sin necesidad de convertir estas líneas en un inventario generacional, resulta difícil no pensar en Leila Guerriero (1967), Mariana Enríquez (1973), Samanta Schweblin (1978) y la propia Halfon (1980). Son cuatro escritoras muy distintas entre sí, pero unidas por una misma renovación de la prosa argentina contemporánea. Enríquez ha explorado los márgenes oscuros de la sociedad argentina mediante una mezcla singular de terror, realismo social y crónica urbana. Schweblin ha llevado la miniatura narrativa, la perturbación psicológica y el extrañamiento cotidiano a un grado extraordinario de perfección formal. Halfon, por su parte, trabaja en una zona más híbrida: entre el ensayo, la investigación cultural, la autobiografía lateral y la crónica literaria. Como Leila Guerriero, tan conocida en España y en Europa, reciente Premio Strega (2026) en Italia por ‘La llamada’. Todas ellas comparten, sin embargo, algo decisivo: la capacidad de provocar inquietud. Ninguna escribe desde la comodidad cultural. Ninguna cree del todo en las identidades estables y sin taras. Ninguna acepta sin reservas los relatos convencionales sobre la realidad. En distintas modulaciones, todas ellas trabajan sobre formas de extrañeza. Halfon investiga figuras desplazadas, marginales o excéntricas dentro de la tradición cultural. En ese sentido, ‘Extranjero en todas partes’ prolonga perfectamente ciertas obsesiones contemporáneas: la identidad inestable, el desarraigo, la impostura, la vida convertida en representación. Y Witold Gombrowicz, naturalmente, resulta ideal para ello. Quizá nadie entendió mejor que él que toda identidad es parcialmente teatral. El ‘Diario’ de Gombrowicz, que Halfon analiza con finura, no es simplemente una confesión autobiográfica del polaco. Es la construcción deliberada de un personaje. Gombrowicz se escribe a sí mismo. Se inventa mientras se describe. Quiere ser, simultáneamente, autor y director de escena de su propia figura pública. Ahí reaparece otra vez la extranjería moderna. Ya no solo somos extraños con respecto a una patria o a una lengua. También somos parcialmente extraños con respecto a la imagen que fabricamos de nosotros mismos. El yo moderno es representación, máscara, montaje. Por eso el libro de Mercedes Halfon termina resonando más allá de la mera biografía literaria. Habla de un escritor polaco en Buenos Aires, sí. Pero habla también de todos nosotros. Somos sujetos desplazados entre lenguas, identidades, deseos y relatos contradictorios. Somos sujetos que ya no podemos sentirnos completamente en casa ni siquiera dentro de nosotros mismos. La extranjería no constituye una desgracia accidental. Es (o puede ser) una forma de lucidez. Mercedes Halfon lo muestra y lo demuestra y, de paso, nos entrega un volumen apasionante, un libro cuya lectura no precisa el conocimiento previo de Witold Gombrowicz. Entre sus páginas hay muchas voces convidadas para definirlo y redefinirlo. Entre ellas, la de Nicolás Hochman, un joven y sabio lector y escritor al que adeudamos la permanente actualidad de Gombrowicz: un Hochman al que Halfon tanto debe y agradece.
138