El "circo petrocepedista" que describe Mauricio Vargas no gira alrededor de propuestas ni de resultados, sino de una sucesión de episodios que terminaron eclipsando la propia candidatura. Entre denuncias de conspiraciones permanentes, advertencias sobre golpes institucionales inminentes, llamados dramáticos a la movilización, disputas con organismos de control, ataques a la prensa crítica, cuestionamientos al sistema electoral y una campaña incapaz de escapar de la sombra de Gustavo Petro, el debate terminó pareciéndose más a una función itinerante que a una discusión presidencial.
La ironía es que Iván Cepeda aspiraba a presentarse como una alternativa de serenidad y diálogo, pero terminó arrastrado por el mismo torbellino político que marcó los cuatro años de gobierno. Mientras el país esperaba respuestas sobre seguridad, crecimiento económico, ejecución estatal o resultados de gestión, el petrocepedismo parecía empeñado en convencer a los colombianos de que todos los problemas provenían de enemigos externos, conspiraciones permanentes o amenazas a la democracia.
Al final, la principal dificultad de la campaña no fue la oposición. Fue la imposibilidad de explicar por qué, después de cuatro años de promesas de cambio, el discurso seguía dependiendo de los mismos antagonistas, los mismos agravios y las mismas excusas.
Si es necesario decretar emergencia en Buenaventura la decretamos. Buenaventura por ruptura de un tubo de agua potable por deslizamiento de tierra se puede quedar sin agua.
La alcaldesa debe ponerse pilas y si es necesario el trabajo comunitario, convocarlo
He ordenado al batallón de ingenieros del ejército nacional actuar de inmediato