Se le acaba el gobierno a Petro y, después de cuatro años hablando de dignidad, sigo preguntándome si alguna vez entendió qué significa.
Porque la dignidad de un Presidente no está en dar lecciones al mundo.
Está en comportarse como Jefe de Estado.
No está en usar la Cancillería para defender amigos ideológicos.
No está en llevar y traer historias personales ni chismes de cocina entre gobiernos.
No está en convertir las relaciones internacionales de Colombia en una extensión de sus afinidades políticas.
La dignidad está en representar a todos los colombianos, no a un grupo de amigos.
Después de cuatro años invocando esa palabra, termina demostrando que nunca entendió que la dignidad del cargo exige precisamente aquello que más le ha faltado, sentido institucional.