Trump volvió a dejar claro que su relación con la verdad depende de si la verdad le sirve. Cuando Kristen Welker le pidió pruebas sobre sus acusaciones de fraude electoral, el presidente no respondió con datos, documentos ni evidencias: respondió con insultos, acusó a la periodista de corrupta, atacó a la NBC y abandonó la entrevista.
El hombre que lleva años gritando que le robaron unas elecciones no pudo sostener su propia mentira cuando alguien le hizo la pregunta más básica del periodismo: “demuéstrelo”.