Mensaje al Pueblo de Colombia en el Día de las Elecciones:
Mañana, mientras millones de colombianos acuden a ejercer su derecho fundamental al voto, el mundo será testigo de la lucha por la democracia en una de sus formas más puras y hermosas. Nacido en Colombia, pero sin votar en estas elecciones por ser ciudadano estadounidense, me presento hoy ante ustedes con profunda humildad, gran respeto y una esperanza inquebrantable, como invitado y observador de este proceso histórico.
Estas son SUS elecciones. La solemne decisión de quién liderará Colombia pertenece exclusivamente al pueblo colombiano, a nadie más. Ni a gobiernos ni ciudadanos extranjeros, ni a voces externas, ni a intereses corruptos, ni a criminales dentro o fuera de sus fronteras soberanas.
Este principio inquebrantable constituye la esencia misma de la legitimidad democrática.
Celebro la fortaleza de las instituciones democráticas de Colombia y la vital importancia de unas elecciones libres de intimidación, coacción o cualquier forma de interferencia.
Cada ciudadano, ya sea de las vibrantes calles de Bogotá, los barrios históricos de Cartagena, las colinas de Antioquia o los confines del Pacífico y la Amazonía, es igual ante las urnas. Su voto tiene el mismo peso, independientemente de su situación económica o procedencia. En ese momento de marcar la papeleta, todos los colombianos son verdaderamente iguales, y esa igualdad es sagrada y poderosa.
Colombia posee una sólida y orgullosa tradición de elecciones democráticas, forjada a través de casi dos siglos de desafíos, resiliencia y progreso. Durante casi doscientos años, los lazos de amistad, valores compartidos y respeto mutuo entre Estados Unidos y Colombia han perdurado, arraigados en un compromiso común con la libertad y la autodeterminación. Honramos esa alianza perdurable hoy respetando plenamente la soberanía de Colombia y la voluntad de su pueblo.
Estas son, sin duda, unas elecciones cruciales. Las decisiones que tomen mañana tendrán un gran peso histórico y moldearán el destino de las generaciones venideras. Sin embargo, en este momento solemne y de reflexión, mantengo una profunda esperanza. El futuro de Colombia puede ser más brillante que nunca, lleno de prosperidad, seguridad, unidad y oportunidades, guiado por la sabiduría, el coraje y la voluntad colectiva de su pueblo.
Agradezco al Consejo Nacional Electoral (CNE) el honor de invitarme a presenciar este momento crucial. Su compromiso con la transparencia y la integridad electoral fortalece el tejido democrático de la nación.
Que Dios bendiga al pueblo colombiano. Que acudan a las urnas con la mente clara, el corazón firme y la profunda conciencia de la responsabilidad histórica que conlleva su mandato. Su futuro está en sus manos, y así debe ser.
Con respeto, esperanza y profunda admiración.