Los votos de Oviedo, Fajardo o Claudia no tienen dueño. Son votos de convicción, construidos alrededor de ideas, propuestas y formas de hacer política.
Pensar que esos votos se pueden endosar como si fueran un paquete de acciones es no entender nada. Quienes insisten en repartirlos entre extremos muestran una visión equivocada de la política: creen que los ciudadanos obedecen órdenes clientelistas y no que piensan por sí mismos.
Al final, será la libertad de conciencia y la capacidad de cada ciudadano para evaluar las opciones y tomar sus propias decisiones lo que definirá el rumbo en este escenario.