Algo de cultura general, en un fragmento del texto de Don Diego de la Vega en FB. 😉
¿Qué nos puede indicar un mote como "la perrita de Trump"?
¡Puff! ¡Muchísimo!
Sexual: Es empinarse y entregar el trasero; claro, de manera gustosa y agradecida.
Apátrida: Es darse a un ajeno, a un extranjero o, peor aún, a un enemigo, traicionando a los suyos.
Sinón: Como aquel que abrió la escotilla del caballo de Troya para que los enemigos violaran el suelo troyano y conquistaran la ciudad de Héctor, Andrómaca y París.
Trumpista: La carga es brutal. Congénere del clasismo, el racismo y el extremoderechismo. Pero también de la intransigencia, el abuso y la discordia. Luego, del egoísmo, la mezquindad y la ira. Finalmente, de la ignorancia, el fanatismo y la intolerancia.
En serio, eso resume la reputación de "la perrita de Trump". Y quizá más que eso.
A palo dado, ni Dios lo quita.
"La perrita de Trump" se ha ganado a pulso su nuevo sobrenombre. Y es que el que se lleva, se aguanta.
Ahora sí puede ladrar con toda libertad en sus redes sociales y en los programas chafas de su empresa televisiva.
Y cuando ladre, uno debe recordar esa imagen: el trasero moviéndose feliz y contento para que el supremacista del norte le haga el favor. (¿Ya se dieron cuenta del poder de esa imagen?)
En fin, ¡Habemus Perrita de Trump!.