LEONEL TIENE RAZÓN: no es lo mismo estabilizar después de un derrumbe que apretar más al pueblo cuando ya está sintiendo el golpe del costo de la vida.
Muchos intentan rebatir la postura de Leonel Fernández diciendo que “él también hizo una reforma fiscal en 2004 para enfrentar una crisis”. Es cierto que presentó la Ley 288-04 que subió el ITBIS del 12 % al 16 % y ajustó otros impuestos. Pero esa comparación no resiste el análisis porque las crisis y los momentos son completamente distintos.En 2003-2004 el país vivía una crisis existencial y de origen interno: quiebra de bancos grandes como Baninter, rescate que disparó la deuda pública, devaluación brutal del peso (de unos 20 a más de 50 pesos por dólar), inflación que llegó al 42.6 %, contracción económica y pérdida masiva de empleos. El país estaba al borde del colapso financiero. Leonel actuó con medidas de emergencia apenas un mes después de asumir, como parte de un paquete de estabilización con apoyo del Fondo Monetario Internacional, para recuperar la credibilidad, estabilizar las finanzas y sentar las bases de la recuperación. El resultado fue claro: después vinieron años de fuerte crecimiento, con tasas de 9 % y hasta 10.7 % anual.Hoy, en 2026, la situación es muy diferente. No hay quiebra bancaria, ni devaluación descontrolada, ni inflación del 40 %. Lo que existe son presiones externas (alza internacional de combustibles y alimentos) que han llevado la inflación interanual a 5.35 % en mayo, por encima del rango meta del Banco Central. El crecimiento de 2025 fue bajo (2.1 %) y las proyecciones para 2026 rondan el 4 %, pero la economía no está en caída libre. La gente ya siente el golpe diario en el costo de la vida: la canasta básica subió alrededor de 4.67 % en el último año, con mayor impacto en los hogares más pobres.El gobierno alega que el paquete actual es progresivo porque protege a los pobres y la clase media e impacta principalmente a los ricos y grandes empresas. Es verdad que incluye un nuevo tramo del ISR para personas con ingresos superiores a 400 mil pesos mensuales, un aumento temporal del ISR empresarial para grandes contribuyentes, alivio en anticipos para microempresas y ampliación del régimen simplificado para MIPYMES. Sin embargo, esa progresividad tiene límites importantes en la práctica. Medidas como el aumento del impuesto a transferencias bancarias y cheques, el alza en pasajes aéreos o la mayor tributación a casinos pueden terminar afectando indirectamente a la clase media y a pequeños negocios que dependen de esos servicios. Además, en un contexto donde la inflación ya está erosionando el poder adquisitivo real de las familias (5.35 %), cualquier carga adicional, aunque se presente como focalizada, añade presión al bolsillo de quienes ya están apretados. La progresividad en el papel no siempre se traduce en alivio real cuando el costo de la vida ya está alto y el crecimiento es moderado.Leonel Fernández no se contradice. En 2004 actuó con responsabilidad ante una crisis grave y de origen interno. Hoy señala, con la misma responsabilidad, que no es el momento de imponer más sacrificios cuando las familias dominicanas ya están sintiendo el efecto de la inflación en su día a día. Su postura actual es coherente: priorizar el alivio al bolsillo de la gente antes que medidas que, aunque se presenten como moderadas, progresivas y focalizadas en los ricos, llegan cuando el contexto no es el mismo que en 2004. Por eso el argumento de que “Leonel también lo hizo” ni la afirmación de que “es progresivo” desmontan su posición. Las coyunturas no son comparables ni en gravedad, ni en origen, ni en el momento económico en que se aplican. Leonel defiende que se actúe con prudencia y en el tiempo adecuado.