Sin una estrategia sólida no hay manera de sobrevivir al cambio. No hay práctica buena que no se sustente en una teoría sólida. La estrategia es la substanciación del contenido teórico en líneas de trabajo ejecutables, en acciones y en métricas.
No hay atajos. Cuando se toman atajos, entra en juego eso de ocupar el espacio porque sí, sin sentido, sin raíces, sin marco claro, sin tracción, sin convicción, sin vocación de permanencia. Solamente golpes de efectos y, algunas veces, algo de fortuna.
Cualquier organización política o empresarial que quiera perdurar y competir con éxito debe invertir y apostar por estrategias sólidas. Apostar por líneas de acción a largo plazo, lo que implica soportar la presión del corto y sortear algo tan dañino como ese tan extendido “hagámoslo porque todos lo hacen”.
Hay muchos ejemplos de errores cometidos por empresas y políticos que se fueron al muladar de la historia porque bailaron con el corto plazo, con la táctica permanente y con el atajo, con lo meramente efectista para subirse al hype del momento, a la ola de lo que parecía tocar. Ahí tenemos a las cajas de ahorro en España, a Arthur Andersen en consultoría, a las .com de principios de siglo, a la fogosidad de las criptomonedas del último lustro, a los NFT como un sucedáneo de arte, al gobierno de Cameron en Reino Unido, al Brexit, al proceso constituyente de Chile y a una infinidad de casos que han sido y los que vendrán.
La estrategia basada en el análisis y en el estudio es la clave de una acción solida y duradera; es el cimiento de cualquier corpus empresarial y político que quiera perdurar y trascender.
Si miramos a la historia solemos aprender más del futuro que vendrá que cuando tratamos de imaginarlo. Por eso recomiendo sumergirse en el compilación que ha coordinado Hal Brands, profesor de Global Affairs de la John Hopkins University’s School of Advanced International Studies. Un repaso al papel de la estrategia en muchos de los momentos estelares de la humanidad. “The new makers of modern strategy. From the ancient world to the digital age” es un ejercicio hercúleo con resultado extraordinario.
¿Estrategia o táctica permanente? ¿Corto o largo plazo? ¿Posicionamiento sólido o paseante? ¿Hegemonía efímera o duradera?
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