Vivo en Madrid desde hace (bastantes) años.
Y sinceramente, me encanta cuando oigo a alguien con cualquiera de las 'decenas' de acentos andaluces. Sobre todo a un alto directivo/a, a una inversora, a un fundador potente...
A alguien que podría tener la tentación (quizá más tentación) de cambiarlo, de ocultarlo. Por prejuicios o por lo que sea. Y no hablo de que se suavice con el paso del tiempo. Hablo de forzar la corrección.
Y me encanta porque creo que demuestra personalidad. No se trata de chovinismo barato. Nada de eso. Se trata de respetar las raíces y de defender con los hechos que el acento no significa nada más que riqueza cultural.