Es natural que, por su función, las Ministras y Ministros reciban invitaciones a múltiples eventos, tanto públicos como privados. La realidad es que son muy pocas las que se extienden por simple cortesía; por el contrario, suelen perseguir también una cercanía que termina por restarles libertad.
Aceptarlas, aunque se diga que en nada afecta, erosiona algo más sutil que la imparcialidad misma, que es su apariencia. Y la independencia judicial no solo hay que tenerla, también hay que parecerla.