Mientras las cámaras del mundo apuntan al Mundial, la realidad vuelve a golpear a México.
Joel Ángel Bravo Martínez, alcalde de San Miguel Amatitlán, Oaxaca, fue asesinado a balazos pese a que ya había manifestado temor por su seguridad y solicitado protección.
La violencia llegó hasta la puerta de un presidente municipal en funciones.
En México hay alcaldes que necesitan más protección que algunos jefes de Estado.
Y aun así terminan asesinados.
La 4T habla de transformación, pero la noticia sigue siendo la misma de hace años: políticos ejecutados, regiones bajo amenaza y autoridades llegando después de los disparos.
Un alcalde muerto no debería formar parte de la normalidad democrática de ningún país.
Pero en México cada vez parece más difícil distinguir entre una campaña electoral y una zona de guerra.