México es un solo país. Eso nadie lo discute.
Pero de ahí a afirmar que "tenemos la misma cultura en todos lados" hay un abismo de realidad.
Quienes se ofenden cuando se señala esto suelen usar el argumento de "es un solo país, todos recibimos la misma educación y leyes". Los mapas oficiales dicen otra cosa.
El sur concentra la mayor proporción de población indígena y, al mismo tiempo, los niveles más altos de rezago social. El norte es completamente distinto en ambos indicadores.
Las diferencias entre norte, centro y sur son profundas, medibles y persistentes. No son invento ni "división".
Por eso, cuando alguien migra a Nuevo León (o a cualquier lugar), la pregunta importante no es de dónde viene, sino qué cultura decide adoptar.
Si trae y reproduce los hábitos, formas de organización y patrones de voto que generaron los problemas de donde salió, el resultado es predecible.
La asimilación a la cultura local que ha funcionado (esfuerzo, orden, responsabilidad, cumplimiento de reglas) no es racismo ni rechazo. Es la condición para que la migración interna sea positiva en vez de solo trasladar problemas.
Origen no importa. La cultura que decides defender, sí.
Negar las diferencias regionales solo sirve para seguir aplicando las mismas políticas fallidas en todo el país.