Estaba en la oficina de Abelardo, terminando la primera entrevista de más de dos horas que le hice, y el camarógrafo barranquillero le preguntó:
—Doc, ¿y a usted sí le va a importar la Costa? Porque a los presidentes nunca les interesa la Costa.
Él se levantó de la mesa, le tomó una mano y, con la otra sobre su hombro, mirándolo a los ojos, le dijo:
—Hermanito —como habla él—, mírame. Yo soy un hijo del Caribe.
Voy a hacer de esta tierra algo maravilloso.
Nunca hemos tenido un presidente costeño.
No voy a dejar pasar esta oportunidad de ayudar a mi gente.
Terminó diciendo:
—Te prometo que te haré sentir orgulloso.
Todos en la sala nos quedamos mirando, en un ambiente entre admiración y emoción, porque todos éramos costeños.
Pero, sobre todo, con una certeza absoluta de que estaba diciendo la verdad.
Si la Costa no elige a un presidente costeño hoy, estará dejando pasar una oportunidad irrepetible.
Pasarán muchas décadas antes de que un costeño vuelva a tener la Presidencia tan cerca.
Comparte este trino para que les llegue a todos los costeños y, con la mano en el corazón, respondan si van a dejar pasar esta oportunidad.