Trípoli, la capital de Libia, es un fósil viviente del modernismo fascista mediterráneo.
Comparte ADN directo con Asmara, la capital de Eritrea.
Durante los años 20 y 30, los italianos rediseñaron la ciudad mezclando el racionalismo europeo con arcos y cúpulas de influencia árabe (el estilo de reunificación colonial).
El resultado es una gran urbe costera con una atmósfera suspendida en el tiempo.
Fachadas blancas rectilíneas con arquerías infinitas frente al mar, combinadas con plazas monumentales italianas lucen hoy gastadas y rodeadas de palmeras. Justo al lado de edificios enormes al lado de la playa. Así es Trípoli.
El Palacio del Gobernador (hoy Museo de Libia), es un híbrido rarísimo de cubismo occidental y detalles geométricos islámicos.
Los edificios de oficinas del paseo marítimo, parecen bloques de hormigón esculpidos para encajar en un cómic de ciencia ficción de los años 40.