Depositemos nuestro voto del lado correcto de la historia.
La paz no es solamente una aspiración moral ni una postura ideológica; es también una condición indispensable para el desarrollo de una sociedad. Las guerras, en cambio, destruyen en años lo que las generaciones construyen durante décadas.
La paz no nace de la muerte que dejan las armas, sino de las oportunidades que se brindan a los ciudadanos para desplegar todo su potencial, prosperar y convivir de manera cívica, incluso en medio de las diferencias y el disentimiento.