Os voy a contar lo que hizo Feijóo con los “REGALOS” cuando salió a la luz las cajas de Vega Sicilia que le enviaba su amigo López a domicilio año tras año.
Durante años, Alberto Núñez Feijóo recibió en su domicilio particular regalos enviados por Raúl López, propietario del grupo Monbus y uno de los empresarios más poderosos del transporte en Galicia. La documentación incorporada al denominado caso Cóndor permitió reconstruir una práctica que se repitió de forma sistemática entre 2008 y 2013: cada Navidad llegaban a la residencia de Feijóo lotes remitidos por el empresario.
Las investigaciones de Vigilancia Aduanera identificaron con detalle varios de esos envíos. A partir de 2010 se pudo conocer incluso su contenido: lotes de vino Vega Sicilia Único Algunos fueron recogidos por familiares del entonces presidente de la Xunta. La suma de los regalos acreditados supera ampliamente los límites que posteriormente establecería la propia Xunta para los altos cargos.
Lo llamativo no es únicamente la existencia de los regalos, sino el contexto en el que se produjeron. Mientras Raúl López agasajaba cada Navidad al presidente gallego, y también al entonces conselleiro Rueda, su conglomerado empresarial acumulaba adjudicaciones y concesiones públicas de la Xunta.
Entre 2008 y 2014, las empresas vinculadas a Monbus recibieron contratos millonarios de distintas administraciones, incluida la Xunta de Galicia.
En marzo de 2015, Raúl López fue detenido en el marco de la Operación Cóndor, una investigación que analizaba presuntos delitos de blanqueo de capitales, fraude fiscal, cohecho, delitos societarios y actuaciones contra la Administración Pública. Fue entonces cuando salieron a la luz todos los informes que detallaban los regalos enviados durante años a responsables políticos y administrativos.
Cuando el foco comenzó a dirigirse hacia los obsequios recibidos por Feijóo, ocurrió algo muy llamativo. En septiembre de 2014, apenas unos meses después de haber recibido el último lote de Vega Sicilia documentado, la Xunta aprobó un Código Ético que prohibía expresamente a los altos cargos aceptar regalos de contratistas o empresas relacionadas con la Administración y fijaba un límite máximo de 90 euros incluso para las llamadas “cortesías institucionales”.
Es decir, aquello que la propia Xunta consideró incompatible con el ejercicio de responsabilidades públicas a partir de 2014 era exactamente lo que había sucedido durante los años anteriores.
La investigación nunca llegó a sentar a Feijóo en el banquillo. De nuevo, se libraba. El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia archivó las actuaciones al entender que los hechos no constituían delito. El tribunal no negó la existencia de los regalos ni cuestionó que hubieran sido recibidos. Simplemente concluyó que no concurrían los requisitos penales necesarios para sostener una acusación por cohecho… (cri cri cri)
Legalmente, el asunto quedó cerrado.
Políticamente, las preguntas permanecen abiertas.
Porque resulta difícil explicar por qué un presidente autonómico aceptaba durante años regalos de lujo enviados por un empresario que dependía en gran medida de contratos públicos y por qué, poco después, impulsó una normativa que prohibía exactamente ese tipo de conductas. Evidentemente era el mismo caso que con su amigo narco. Viajes y regalos, a cambio de contratos para blanquear.
Las contradicciones no terminan ahí.
Mientras el caso de los regalos quedaba archivado, los tribunales comenzaron a cuestionar parte del modelo concesional que había favorecido la expansión de Monbus. Diversas sentencias del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia anularon adjudicaciones de transporte escolar y concesiones al considerar que no se ajustaban a derecho. En algunos pronunciamientos, el tribunal llegó a sostener que determinadas estructuras empresariales utilizadas por Monbus podían restringir la libre competencia y favorecer un reparto anómalo del mercado.