Ya nadie se acordará, pero el 10 de Febrero de 2026 (hace cuatro meses) el trans Jesse Strang, de 18 años, entró en una escuela de Tumbler Ridge, un pequeño pueblo minero en Canadá, y sin razón ni provocación comenzó a disparar contra NIÑOS, dejando 8 muertos y 27 heridos.
Entre los heridos estuvo Maya Gebala, una niña de 12 años que se interpuso entre las balas intentando ayudar y proteger a sus compañeritos y cerrar la puerta de la biblioteca. Maya recibió varios disparos, los más graves en la cabeza, que le destrozó parte del cráneo, y otro en el cuello. Lleva meses siendo sometida a cirugías (la quinta para implantarle una prótesis sintética en el cráneo); aún no recupera el habla ni puede caminar, pero al menos ha comenzado a responder a estímulos
y sonríe
y choca los cinco.
Su familia ha enfrentado varias dificultades, incluso debiendo dormir en su auto o en el sofá del hospital cuando no conseguían alojamiento, y por fortuna han recibido donaciones por medio de un GoFundMe y el presidente de UFC cubrió los costos para llevarla a un tratamiento especializado en un hospital de Los Ángeles.
Todo este calvario, para una niña de 12 años que debería estar yendo al colegio y jugando con sus amigos. Todo este calvario por una sociedad que en lugar de atender a enfermos mentales como el trans Jess Strang, le aplaudían los delirios y las gracias.
¿Por qué siempre son los inocentes los que pagan los delirios de la enfermedad progresista?