SIN TAPUJOS…
Hay un patrón de conducta que ya no puede negarse, disimularse ni ocultarse.
Detrás de ciertos procesos existen personajes oscuros que nunca dan la cara. Operan desde las sombras, redactan decisiones que luego algunos jueces leen como si fueran producto de su propia reflexión jurídica; preparan dictámenes que ciertos fiscales se limitan a leer en audiencias que, por mandato legal, deberían ser orales y no simples ejercicios de lectura; e incluso entrenan testigos para que intenten impartir cátedra sobre materias que desconocen, opinando de dogmática penal sin ser abogados.
Son los mismos operadores invisibles que buscan controlar el proceso, el discurso y hasta el resultado. No litigan, no firman, no responden, no asumen consecuencias. Se esconden detrás de funcionarios que terminan prestando su voz, su firma o su cargo para ejecutar decisiones ajenas.
La justicia exige jueces que decidan, fiscales que investiguen y testigos que declaren sobre hechos que conocen. Cuando aparecen los guionistas ocultos, los libreteros de expedientes y los operadores de pasillo, ya no estamos frente a una búsqueda genuina de la verdad, sino frente a una puesta en escena.
…SIN VERGÜENZA…