El discurso del papa León XIV en el Congreso ha sido superlativo. Con serenidad y firmeza, ha alzado su «voz profética» en contra de la legislación que promueve la «cultura de la muerte». Ha apelado, de hecho, a la ley natural, recordando que hay principios inmutables y eternos que no son susceptibles de ser puestos en cuestión por la mayoría democrática del momento.
En fin, hoy Dios ha hablado por boca de León, advirtiendo a los políticos que la vida humana es un «bien fundamental» y que, por lo tanto, debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural.