El debate de la boleta única en sesiones extraordinarias es otro engaño: mientras saquean los recursos naturales, privatizan empresas que son de todos y empobrecen a la sociedad, el gobierno busca reformar el corazón de nuestro sistema electoral a las apuradas.
No se trata sólo un cambio de instrumento. Por eso planteamos que el debate sobre la normativa electoral tiene que ser prudente, responsable y proponer consensos amplios.
El sistema electoral argentino es un ejemplo: es transparente, promueve controles cruzados entre distintos poderes, con la participación de los partidos y la ciudadanía. La centralidad la tiene el pueblo.
Desde 1983 las elecciones nacionales se desarrollan con normalidad, la participación electoral es alta y hay alternancia en el gobierno: los que pierden las elecciones aceptan los resultados, sean oficialistas u opositores.
Incluso con márgenes de diferencia muy chicos, los resultados fueron reconocidos y nunca se han judicializado. El sistema electoral en nuestro país funciona: quedó demostrado en 2023, cuando el proceso atravesó denuncias injustificadas del actual Presidente de la Nación.
La boleta única personaliza aún más la política, debilita a los partidos y confunde a la ciudadanía. A su vez, no resuelve ninguno de los problemas que dice resolver: no es necesariamente más barata, ni más clara, ni elimina la necesidad de fiscalizar.
Con la implementación de la boleta única corremos el riesgo de romper algo que sabemos que funciona.