Autor de Antípodas, Muriendo por la dulce patria mía, Muertes imaginarias, La novela del corazón. Occidi mortem

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Esta cuenta, a partir de hoy, quedará inactiva. Estoy en Bluesky, @robertocastillo.bsky.social
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18 Jun 2025
¿A quién benefician los estereotipos? Adivinen quiénes se soban las manos con la confrontación actual. La columna de hoy en La Segunda.
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🎙️ Gabriela Mistral cantando rancheras. En el Día Internacional de los Archivos traemos digitalizada la voz de la poeta que tenía un gusto entrañable por la música popular. Su voz está preservada en el Archivo Fotográfico y Audiovisual de la @bnchile. 🎧 ¡Escúchala!
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RT @catrina_nortena: 🚨 NO, No fue en Cuba ni en Venezuela, fue en el "país de las libertades" en donde la policía de Los Ángles le disparó…
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No se les puede pedir más
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5 Jun 2025
I Stand With Trump!
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Hoy 18.00:
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Eugenio, Puntete te dio mal el dato. El mejor escritor y periodista deportivo de Chile se llama Esteban y su libro es, sin duda, el más sólido, el mejor investigado, lejos el mejor escrito y el más interesante de todos los libros sobre Colo Colo. No hay comparación posible.
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20 May 2025
Impredecible. Un recorrido por algunas de más muchas salidas de libreto de la candidata de Chile Vamos. La columna del día. 👇
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Si el pueblo te despide así, algo bien hiciste. #PepeMujica
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Yesterday, the UN's top humanitarian official delivered his assessment of Israel's barbaric war against the Palestinian people, intentionally making life unlivable in Gaza. This will be a permanent stain on the world’s conscience. Please take a moment to watch:
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Para recordarlo recomiendo la gran entrevista que le hizo hace unos meses @juan_elman cenital.com/pepe-mujica-con-…
13 May 2025
🔴 ÚLTIMA HORA | Muere a los 89 años el expresidente de Uruguay José ‘Pepe’ Mujica, el revolucionario tranquilo elpais.com/america/2025-05-1…
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14 May 2025
Hasta siempre, companheiro Pepe Mujica. 🎥 Audiovisual/PR
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30 Nov 2023
Gore Vidal. «Palimpsest: A Memoir». CC @RobertoCastillo.
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Esteban Abarzúa, el mejor escritor deportivo de Chile, explica por qué no hay que ensartarse con libros como el de Puntete. Vale la pena leer esta feroz reseña. A Colo Colo hay que tenerle respeto.
52. “100 años de gloria. La historia de Colo-Colo 1925-2025” (2025) Puntete, seudónimo de Vicente Hübner (1991) Trayecto Editorial, 791 páginas. #LiteraturaColocolina “Este libro no busca ser un mero repositorio de hechos ni una estéril aproximación hacia la historia, sino que quiere ser un aporte al patrimonio del club -ensalzando su identidad popular- y a la cultura chilena, toda vez que no solo cuenta la historia de un club de fútbol, sino también la manera en que dicha institución acompañó la mitad de la vida republicana del país”, dice la nota del autor al comienzo del texto, en una declaración formal de sus ambiciosos objetivos. El tono ya es distinto en la contratapa del libro. “La historia de Colo-Colo es la historia del pueblo chileno. Es la historia de un viejo temporero que escucha una radio en un campo del centro, la de un joven pescador que mira la tele en una isla del sur, y la de una niña que patea una pelota en una polvorienta cancha del norte. Todos con camisetas de Colo-Colo; perfectos desconocidos miembros de una misma familia popular”. “La historia de Colo-Colo es la historia de los hinchas. Es la historia de la Garra Blanca, quienes entienden la vida en negro y blanco. Es ser colocolino de la cuna al cajón y tener en la pieza una bandera colgada con el escudo del Cacique”. “La historia de Colo-Colo es la historia del poder. El poder del capitán con la jineta; del entrenador y su influencia; de los presidentes para engrandecer sus legados; de la hinchada para exigir compromiso; de la prensa para enaltecer sus portadas; de la sociedad para configurar su tejido; de la cultura para traspasar sus simbolismos; de los empresarios para engrandecer su riqueza; de los gobiernos para utilizar al equipo. El poder de una institución que nadie puede explicar”. A despecho de los lugares comunes y las frases hechas, este desborde de emocionalidad incluso podría resultar de un valor incalculable teniendo en cuenta que quien la escribe no es hincha de Colo-Colo, sino de uno de sus rivales tradicionales. Sería digno de aplauso, si dentro el libro se dedicara a respetar el camino trazado en la presentación del producto. Lo que, lamentablemente, no se cumple. Por poner un ejemplo, un texto que declara tal admiración por el pueblo colocolino habría dedicado al menos una línea a la afrenta que ese pueblo colocolino sufrió el 16 de octubre de 2011, fecha marcada como el Día del Desprecio por un autor destacado como Christian Álvarez (“Aunque nos digan”, 2019). El día en que se enfrentaron Universidad Católica y Colo-Colo en San Carlos de Apoquindo, trece años después de su anterior duelo y con prohibición absoluta para los seguidores albos. No sólo de asistir al estadio, sino, en la práctica, de circular por la comuna de Las Condes con una camiseta de Colo-Colo. En algunos casos hubo detenciones ilegales de colocolinos que se realizaron a más de diez kilómetros del estadio. Hay que decirlo con todas sus letras: detenidos por el mero hecho de ser colocolinos. Pero no solamente fue un día duro para los hinchas detenidos, sino para millones de colocolinos a lo ancho y largo de un país que alcanzaron a sentirse vulnerables en el derecho a lucir con orgullo sus colores. Una mención a este episodio por parte de este autor que hace una década trataba de zorras e indios a los colocolinos en sus redes sociales, con evidente desprecio, sí que habría sido un aporte, al menos a la historia de los libros sobre Colo-Colo. No es aceptable que a uno lo persigan toda la vida por sus pecados de juventud, pero tampoco es racional aparecer en el extremo opuesto del pensamiento original sin un pequeño acto de redención que al resto le permita entender un cambio tan drástico. Un libro que defina la historia de Colo-Colo como la historia de los colocolinos no debería incurrir en una omisión tan flagrante. Hasta con un par de líneas de repudio, en las 791 páginas que ofrece el producto, habría bastado para saciar la sed de justicia del pueblo albo. El riesgo implícito en la tarea de escribir sobre la historia de un club del cual no se es hincha es inevitable, pero de algún modo también se ha convenido que los libros de fútbol contengan una cantidad aceptable de errores, dada la escasez y la volatilidad de las fuentes. Igual es curiosa la evolución de los errores en este texto, ya que se vuelven recurrentes en casi todos los capítulos a partir de 1933. En los años previos se hace visible la influencia del trabajo de Sebastián Salinas en “Por empuje y coraje. Los albos en la época amateur 1925-1933”, a quien se le declara admiración y respeto como compañero de viaje junto a otros investigadores, cuyas ideas originales “han sido parafraseadas con fines divulgativos”, por confesión del propio autor de “100 años de gloria”. Habría que revisar si dicho método de reproducción de contenidos ajenos está permitido en las academias de historia y aprovechar de preguntarles también a los escritores parafraseados si se sienten realmente admirados y respetados cuando aquellas obras a las que les dedicaron los mejores años de sus vidas están duplicadas en el texto de otro autor sin ser citados como corresponde, en cada una de sus apariciones (sobre todo cuando son muchas). No deja de ser curioso, por lo bajo, que el único error evidente del libro en esta parte, en 1928, surja de una mala interpretación de un dato que sólo aparece en el libro de Salinas: cuando Manuel Plaza pide viajar junto a la delegación de fútbol a los Juegos Olímpicos, pero finalmente hace el trayecto solo. Los futbolistas se van aparte. La paráfrasis en “100 años de gloria”, inexplicablemente, dice lo contrario. En la misma línea de lo anterior cabe “De David a Chamaco”, el libro de 1975 que Edgardo Marín y Julio Salviat publicaron para el cincuentenario del club, considerado por generaciones de lectores colocolinos como una auténtica biblia de su pasión y hoy admitido como objeto de culto por quienes se dedicaron a investigar posteriormente la historia de Colo-Colo y que de manera abnegada han ido anotando uno por uno sus errores para una soñada reedición. Es una opinión de consenso entre los que algo saben de Colo-Colo: hay que corregirlo. Sobre todo porque la mayoría de esas correcciones pendientes se colaron en algunos libros editados después, partiendo por “La historia de los campeones”, del mismo Edgardo Marín. Así es como casi todos los errores en “De David a Chamaco” también están presentes en “100 años de gloria”. El primero es uno de los más impresentables, justamente en la temporada de 1933. Ya se preguntará el lector de esta reseña cuáles son esos errores, pero no corresponde transformar este espacio en un informe forense. Como referencia, entre los diez capítulos de 1933 a 1942 hay uno solo, el de 1941, que pasa sin fallos la prueba de la rigurosidad. En una lectura rápida se anotan 87 errores de obligatoria corrección y si se suman omisiones, confusiones y aclaraciones necesarias la cifra se duplica. Hay responsabilidades compartidas entre las fuentes bibliográficas utilizadas, Wikipedia e incluso una que otra conclusión errónea de quien parece estar recién interiorizándose de los acontecimientos mientras los escribe, lo cual resumiría su tarea de redacción y paráfrasis como una especie de turismo accidental en la historia de Colo-Colo. Luego hay que preguntarse dónde están retratadas las figuras de Alberto Arellano Moraga, Juan Quiñones y los demás profesores primarios que lideraron la rebelión en Magallanes y luego fundaron Colo-Colo. La omisión de su aporte quizás está resuelta en el siguiente párrafo: “Una razón que se dirige al corazón de la popularidad es que Colo-Colo penetró fuertemente en las clases populares de Chile. Esto se debió, probablemente y sin ningún rigor histórico, a que la fundación estuvo marcada por profesores, la naciente clase media de un país que venía saliendo del parlamentarismo y que bajo un nuevo presidente y una nueva constitución tenía intenciones de iniciar un rumbo hacia el progreso”. Es la mezquina mención que un libro de 791 páginas les dedica a las raíces y a las inquietudes vocacionales de los fundadores de Colo-Colo, personificadas no sólo en la figura de David Arellano, sino también en las reivindicaciones sociales y gremiales de Juan Quiñones y en los ideales de quien probablemente fuera el gran inspirador en la búsqueda de todos para practicar un nuevo fútbol que sirviera para fomentar la vida sana en el pueblo de Chile: el profesor Alberto Arellano Moraga. ¿Dónde están las reflexiones de Alberto en “El deportista mártir”, un libro que por supuesto no se escribió inicialmente para homenajear el heroísmo del hermano muerto, sino para reflejar el amor de cada uno por la pedagogía y su humilde espíritu de aprendizaje en la realidad de otros pueblos, tanto en el fútbol como en la cultura y el estado de la educación en cada una de las estaciones del viaje? Impresiona que se utilice “sin ningún rigor histórico” como referencia, cuando gran parte del relato está a la mano en el texto de Alberto Arellano desde 1929. A pesar de lo que declara en la contratapa, Colo-Colo es básicamente un equipo de fútbol en “100 años de gloria”. El más ganador y el más popular, pero sin una profundización necesaria en el fenómeno social. Cualesquiera sean las buenas intenciones presumidas al inicio y al final del texto, no deja de ser agresivo que un escritor que previamente hace gala de su pasión como hincha de otro equipo intente reducir, a través de lo publicado, la historia de Colo-Colo a una sucesión de hechos futbolísticos e institucionales. Existe la posibilidad que esto sea achacable a un mero ejercicio de ignorancia, pero dado el contexto de clausura y reflexión acerca de un periodo que ofrece la conmemoración del Centenario en 2025 también cabe tener en cuenta la opción de que se trate de un acto deliberado que en el ámbito de las ciencias sociales se conoce como resignificación: un mecanismo que confiere nuevos significados o un cambio de perspectiva a hechos o comportamientos del pasado previamente aceptados en la memoria y la historiografía en un sentido específico. En principio no es tan terrible: los grandes historiadores se dedican a eso, a dotar al pasado de miradas nuevas con exhaustivas investigaciones, a través de aportes científicos y una rigurosa exposición argumental para defender sus descubrimientos. Siempre con el riesgo de una mala praxis que conduzca a la falsificación del pasado, en todo caso. Lo extraño, aunque de moda por el imperio de las fake news en las redes sociales, sería resignificar a través del reduccionismo. El Chile de 2025 volvió a poner en duda el respeto a los derechos humanos, y a lo mejor hasta se publican libros en esa línea, pero es casi imposible que esa aberración consiga académicos que la defiendan. En 1976 Colo-Colo es intervenido ilegalmente por la dictadura. Probablemente el momento más duro en la historia del club como tal, ya que les fue retirado el control a los socios sin ninguna justificación legal y los administradores designados por el régimen de muerte y tortura que gobernaba Chile en esos años tuvieron que arrancar al cabo de tres temporadas que dejaron deudas millonarias. “100 años de gloria” usa la palabra dictadura en dos ocasiones, pero la primera vez se refiere formalmente a esta como Régimen Militar. Luego lamenta como dolorosa la intervención, por la pérdida de su identidad popular, de su alma social, una tormenta “de la que tendría que remar mucho para salir”, pero el capítulo termina con un inesperado guiño al fútbol empresa, como se intentó llamar al giro de los Chicago Boys en Colo-Colo: “Dio un primer paso importante en una historia que iría evolucionando progresivamente con el paso de los años y las décadas”. Un párrafo del capítulo de 1980: “Colo-Colo seguía luchando por mantenerse a flote financiero, puesto que la quiebra era un monstruo que aparecía en las pesadillas. Por fortuna, llegó un tremendo rescate por parte de TVN. Club y canal firmaron un acuerdo para disputar once partidos con derechos exclusivos de transmisión, entre los que se consideraban duelos contra el Espanyol de Barcelona, el Cosmos de Estados Unidos y el Internacional de Porto Alegre, equipo subcampeón de la Libertadores. Este acuerdo fue consensuado también por el Gobierno Militar, puesto que no podía arriesgarse a que Colo-Colo cayera en desgracia. Además, era una alianza que dejaba a todos contentos: el club podía hacer caja y sanear deudas, el gobierno podía transmitir partidos en momentos de tensión política y la casa televisiva podía contrarrestar las enormes audiencias que generaba Canal 13 con el programa Sábados Gigantes. Política, televisión y fútbol unidos por Colo-Colo”. El acuerdo con TVN se firmó casi a la fuerza para pagar las mismas deudas que el club contrajo en el nefasto periodo de los seguidores de Milton Friedman. Destacarlo como un tremendo rescate es otra afrenta a la historia de Colo-Colo. Otra cita, en 1988: “El día antes de la Colotón, Peter Dragicevic y Eduardo Menichetti fueron invitados a una reunión con el presidente Augusto Pinochet en La Moneda”. En la misma página: “El presidente escuchó a Ojeda e, ignorándolo olímpicamente, estrechó la mano de Dragicevic comprometiendo el dinero”. Y también: “Cinco días después de esa reunión, se realizó en Chile el Plebiscito Nacional para decidir si Augusto Pinochet continuaba o no como presidente de la República”. Mon Dieu. ¿Acaso no se puede llamar dictador a un dictador asesino, cobarde y ladrón que fue responsable directo del periodo más oscuro de la historia de Chile en materia de derechos humanos? ¿Y, en su defecto, hay que llamarlo presidente? La dictadura le causó un daño enorme a Colo-Colo en la intervención de 1976 y luego utilizó descaradamente el fútbol chileno como instrumento de manipulación, mientras sus cómplices sembraban el terror en todos los rincones del país. El relato acrítico de la imposición de Pinochet como presidente honorario de Colo-Colo en tanto tradición, en las páginas 424 y 425, produce arcadas. En el final del libro, como ya es previsible, no hay luces de las maniobras para forzar la quiebra de Colo-Colo por parte de la Tesorería General de la República ni de las conversaciones que sostuvo Sebastián Piñera con Arturo Salah, subsecretario de Deportes, para apurar el proyecto de sociedades anónimas deportivas horas después de que la jueza Helga Marchant le diera el tiro de gracia a Colo-Colo. En dicho capítulo también está errado el monto de la deuda: le falla por lejos. Como broche de oro, la llegada de Blanco y Negro. No hay rastro alguno de la ruptura con Mirko Jozic, a quien la concesionaria hizo viajar especialmente desde Croacia para ganarse la buena fe de los socios del Club Social y Deportivo Colo-Colo. A los seis meses, Jozic se dio cuenta de que lo habían engañado y se fue. En 2020 parece que ByN tampoco envió al plantel al seguro de cesantía cuando el gobierno de Piñera decidió que los trabajadores de Chile se las arreglaran solos al comienzo de la pandemia del coronavirus. No hay señales de todas las cuchufletas de viales, mosas y ruiztagles en su afán de controlar al equipo más popular de Chile a cualquier precio. “El fútbol, la esencia de este libro”, advierte por ahí el autor, en la página 380. Algo que también se enfatiza en el capítulo del año 2006, cuando el equipo de Claudio Borghi inicia la saga del tetracampeonato con varios cracks de la futura Generación Dorada en sus filas, pero al mismo tiempo se extraña profundamente la ausencia de la Copa Intercontinental en el relato, así como sorprende que en dos ocasiones se aluda al debut en la Supercopa Sudamericana en 1992, cuando Colo-Colo la disputó por primera vez en 1991. Por el contrario, siendo este un libro albo, escrito para el Centenario albo, también llama la atención que se mencionen todos los títulos obtenidos por Universidad Católica, a diferencia de otros, con especial énfasis en el recuerdo de figuras como José Manuel Moreno, Mumo Infante, Tito Fouillioux, Ignacio Prieto y, era que no, Fernando Zampedri. No hay espacio para el partido contra Estrella Roja de Belgrado, pero sí se destaca que para la temporada de 1952 Colo-Colo sufrió la sensible baja de Luis Mayanés. Luis Mayanés: histórico de Universidad Católica que en la temporada de 1951 jugó apenas cinco partidos en Colo-Colo. ¿Baja sensible? Igual es posible, incluso razonable, esa mirada aséptica y meramente futbolera de cualquier equipo de fútbol. Cada uno es dueño de enfrentarse al fenómeno como le resulte más cómodo, sobre todo si se trata de vender libros. Si esa era la intención, a pesar de que en las primeras páginas y en la contratapa promete lo contrario, sirve de antecedente: “100 años de gloria” es como una versión larga de obras menores como “El libro de oro de Colo-Colo”, “Colo-Colo, alma de campeón” y “Colo-Colo, el equipo que ha sabido ser campeón”, hechos a la rápida para conmemorar el título de 1986 y la Copa Libertadores de 1991. Como es evidente, de lo que se trata es aprovechar la comunidad creada por la firma del autor con el seudónimo de Puntete en Facebook e Instagram, con la misma receta de la épica sentimentaloide que tanto éxito le brindó hace una década a Barrio Bravo. La pluma de Barrio Bravo en su primer libro vuela a una altura respetable a pesar de los clichés como cancha eterna, cancha infinita y cancha polvorienta, con los que uno se topa a cada rato, pero luego se dedicó de manera inexplicable a repetirse una y otra vez hasta agotar la fórmula y convertirse en un autor de nicho, pudiendo ser el Sacheri chileno. Heredero de ese estilo, Puntete logró cierta aceptación en los mismos círculos, aunque quizás por el apuro y la cantidad de páginas por escribir en “100 años de gloria” tampoco pudo hacer gala de sus mejores recursos en su impostada versión colocolina. Dicho esto, sólo queda admirar la osadía con que se escribió este libro: en territorio hostil, con todo el público y la historia en contra, presintiendo la adversidad y la injusticia en cada paso, más o menos como se sintieron los colocolinos en ese aciago 16 de octubre de 2011. Cuando los hinchas rivales, entre los cuales cabe incluir al autor, celebraron la goleada en cancha y a los indios en el calabozo.
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Crespo le disparó a personas, no a muñecos. Kast defiende a Krassnoff que mató a personas, no a muñecos. Káiser pidió munición de verdad para personas, no muñecos. Matthei encontró inevitable asesinatos de personas, no muñecos Ese también es límite de conversación. ¿O no?
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It’s noon on 30 April in Saigon. The North Vietnamese Army has almost completely taken the city. A lone PAVN tank crashes through the gates of the Presidential Palace and its crew raises the flag of the Viet Cong over the building. The Vietnam War is over.
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30 Apr 2025
TRUMP: He had MS-13 on his knuckles, tattooed! MORAN: That was photoshopped TRUMP: Terry, they're giving you the big break of a lifetime. I picked you. But you're not being very nice.
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un sádico saciando su pulsión criminal con las armas que le confiamos y pagado de nuestros impuestos. semejante bestia no puede ser policía.
«Te vamos a sacar los ojos»: imágenes revelan cómo Claudio Crespo y su equipo de Fuerzas Especiales enfrentaban ataques durante el estallido social ciperchile.cl/2025/04/28/te-…
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