La vida salta porque está viva.
Llegan las primeras ballenas jorobadas a Ecuador. Llegan las primeras crías junto a sus madres, tras un viaje inmenso desde las heladas aguas de la Antártida.
Vienen a nacer, a crecer… y también a amar, en nuestras aguas cálidas.
Qué hermoso es presenciar la maternidad en su forma más salvaje. Crías que juegan como cualquier bebé, siempre pegadas a mamá, imitando sus pasos, aprendiendo a ser ballenas.
Qué privilegio compartir hogar con seres tan gigantes como tiernos.