Este 5 de Julio, a todos mis compatriotas venezolanos:
Estamos en el mundo.
Si existimos porque estamos, entonces: ¿Qué somos?
¿Qué es esta existencia que nos envuelve?
¿Existimos porque simplemente estamos o porque también somos?
¿Cómo sabemos de esa existencia?
¿Qué la origina o por qué se da?
¿Por qué existimos?
En la búsqueda de estas respuestas, primero tomamos conciencia de nuestra existencia como individuos, luego como ciudadanos, como miembros de una familia, y finalmente como parte de algo mayor: una nación, una República, un país, un Estado. Estos nombres corresponden a las formas en que nuestra existencia se manifiesta. Todo esto constituye el punto de partida que nos define por lo que NO somos, en relación con lo que nos rodea.
La conciencia de nuestra existencia define nuestro SER.
Este SER se proyecta de tres maneras: hacia el pasado, en el presente y hacia el futuro. No quiero afirmar que nuestra conciencia exista de manera estrictamente cronológica y lineal, sino que se manifiesta de manera simultánea en esos tres momentos, construyendo constantemente nuevas posibilidades y proyecciones hacia adelante. En otras palabras, nuestro SER no espera para existir, sino que lo hace activamente, impulsado por una voluntad de poder y guiado por una iniciativa propia. “Queremos-SER” refleja nuestro impulso vital, en contraste con el impulso de muerte que lleva a la destrucción.
En este sentido, nuestro pasado es lo que permanece en nuestra conciencia, dándonos sentido y fundamento a lo que somos. Este proceso es continuo: reflexionamos y reinterpretamos, lo que nos reconcilia con nuestros antepasados y con ese hemos-sido. Como resultado, constantemente damos forma a nuestras acciones presentes para orientar ese “Queremos-SER” o “Seremos” y, en consecuencia, construimos nuestra realidad. Por ello, en el presente nos ocupamos de la realidad a la luz de lo que hemos-sido y lo que seremos.
Existimos en un constante “haciéndonos”. Nuestra identidad no está anclada al pasado ni a lo que somos en este momento; emerge de lo que Queremos-SER. Es como cuando uno estudia para convertirse en algo, o cuando uno se entrena para alcanzar una meta: lo que Queremos-SER define nuestro hoy en relación a lo que ya hemos-sido.
Nuestro SER, entonces, es el fenómeno que se manifiesta a través de la conciencia de lo que hemos-sido, enfrentándose a las limitaciones de nuestra realidad para proyectar y construir nuestra posible versión ideal.
Nos hacemos cada día, de manera inconsciente pero deliberada, como el cuerpo respira para oxigenarse y sostener su vida. Así, nuestro SER se despliega como un fenómeno orgánico, inseparable de nuestra existencia misma. Este SER se hace tangible a través de nosotros como seres humanos: lo heredamos de nuestros antepasados y lo transmitimos a nuestros hijos. Pero este “nosotros” no es abstracto, sino particular, arraigado en un territorio específico, moldeado por todo lo que en él ha acontecido. Ese territorio es el espacio donde habitaron nuestros antepasados y donde nosotros hemos nacido: nuestra Patria, el suelo vivo de nuestro SER colectivo.
La Patria es, pues, el espacio físico donde el SER se enraíza y se proyecta, dando origen a la Nación como un fenómeno vivo. Esta surge de la existencia de un grupo humano ligado a un territorio, donde se forja una cosmovisión a partir de las experiencias acumuladas y transmitidas a través de la cultura. Esa cosmovisión se manifiesta de manera simultánea y continua en la conciencia de sus miembros, quienes la viven como un sentido de pertenencia que los define y los distingue frente a otros colectivos humanos. Así, la Nación se revela como un “haciéndonos” colectivo que entrelaza nuestros SERes individuales en un horizonte compartido.
En nuestra Patria, Venezuela, existe la Nación venezolana.
Para comprender la Nación venezolana, es esencial reconocer los hitos que la han moldeado a lo largo del tiempo y los acontecimientos que han fortalecido su existencia. Defenderla es una tarea que nos convoca a todos los venezolanos, pues somos nosotros, y nadie más en la Tierra, quienes cargamos en nuestro SER el anhelo de una Venezuela feliz, libre y próspera. Nacimos como seres humanos libres, y por ello no somos un pueblo sometido, esclavizado ni doblegado. Somos un pueblo guerrero y libertador, indomable ante tiranos y dictadores, ciudadanos forjados en el espíritu de un Imperio y luego, en el de una República.
Somos un pueblo libertador que, con Dios y la fuerza de su alma, forja un Ejército Libertador y se impulsa a pensarse como Nación.
Como dijo Camus, pensar es, ante todo, la voluntad de crear un mundo; y para los venezolanos, pensarnos es imaginar y construir esa Venezuela ideal que late en nuestro SER colectivo. Vivir la plenitud de esa construcción es una demostración de nuestra fuerza vital. La felicidad que nos da existir juntos es la demostración de que tenemos un proyecto compartido que edificamos diariamente, desarrollando capacidades para alcanzar nuestra Nación ideal. En este interés común de SER una gran Nación radica nuestra capacidad para discernir qué pertenece al Interés Nacional.
Por eso, la importancia de La Defensa de la Nación radica en su respuesta a un mundo hostil, dominado por tendencias hegemónicas unipolares que buscan sofocar nuestra existencia en la división y someternos a otro destino. Esta obra es una invocación a nuestra conciencia compartida, un llamado a transformar este “haciéndonos” colectivo en un acto deliberado de afirmación y creación. Su propósito es trazar el camino, es decir “por aquí”, para que la Nación venezolana despliegue su potencial como pueblo libre y soberano, defendiendo no solo nuestra identidad, sino el ideal humano hispano que impulsa nuestra vocación civilizatoria. Nos urge a pensarnos, a construirnos y a defendernos, para que nuestro SER colectivo no solo se afirme, sino que florezca como un faro de vida y libertad en el Nuevo Mundo que aún estamos construyendo.
Roderick Navarro
[Introducción de La Defensa de la Nación. Aún en producción]