A medida que pasa el tiempo, me voy inclinando a creer que los mediocres abordajes sobre la compleja coyuntura venezolana tienen más que ver con un bajísimo nivel político que con la dificultad a priori de explicar de manera coherente el curso tomado tras el 3 de enero.
Lo digo a propósito de dirigentes políticos de alto nivel que plantean comparaciones con el "Por ahora" de Chávez o que esgrimen el argumento de que se está retornando al estatus de la relación bilateral con EE.UU. en 2014.
La apelación al histórico líder barinés implica comparar peras con manzanas. No son momentos históricos equivalentes ni políticamente homologables. Si la intención es buscar a un Chávez pragmático y realista para traerlo al presente, hay varios casos más idóneos, ya siendo presidente.
Por otro lado, la relación con EE.UU. hoy no es la misma de 2014. Obama no mantenía secuestrados los recursos petroleros del país ni confiscaba su política exterior, así que no procede el esfuerzo comparativo.
Si hubiese que buscar en la historia un caso más o menos equivalente a la coyuntura actual, habría que retrotraerse al bloqueo naval sobre nuestras costas en 1902-1903 y a los infames Protocolos de Washington, donde las aduanas venezolanas quedaron embargadas para el pago de la deuda externa, el país no recibió ninguna reparación por la agresión militar de las potencias europeas (convalidada por EE.UU.) y la Constitución quedó prácticamente violada a la luz de esos protocolos.
Un país doblemente humillado y maltratado, por Washington y las metrópolis europeas, con un Cipriano Castro obligado a negociar en las peores circunstancias.
Ahí se podrían encontrar antecedentes de la situación actual, pero a ciertos dirigentes la cabeza definitivamente no les da.
Post data: salvo por el resultado intermedio en Isla de Aves a mediados del siglo XIX (tema de mi tesis de Maestría en Historia que obtuvo mención publicación) y la derrota de la "revolución" del banquero Matos, financiada por la New York and Bermudez Company, a principios del siglo XX, ante ninguna agenda imperial en los últimos 170 años aproximadamente, Venezuela ha salido airosa ni ha zafado de la humillación de los poderosos.
El peso de la historia sobre nuestros hombros.