Con la visa en la mano, el gobernador Américo Villarreal desmontó una narrativa construida desde la mentira. Respondió de frente, mostró pruebas y desmintió señalamientos sin sustento.
Quienes hoy operan esta campaña son los mismos que durante años hicieron del poder un negocio, saquearon las instituciones y sembraron miedo para conservar privilegios. Acostumbrados a fabricar culpables, construir expedientes mediáticos y convertir la calumnia en estrategia política, creyeron que una mentira repetida bastaría para convertirse en verdad.
Se equivocaron. Los hechos hablaron más fuerte que la propaganda. La realidad les estalló en la cara.