Los romanos no trajeron el castaño a España. Los estudios paleobotánicos modernos han desmontado el mito.
Mito que me enseñaron de pequeño en Asturias, en la escuela, donde la castaña era pilar de la alimentación rural hasta no hace tantas generaciones (igual que en Galicia, León, Cantabria...). La hipótesis era que el castaño lo habían plantado los romanos para alimentar a las legiones y a los esclavos de las minas. Es lo que sigue diciendo la divulgación más extendida aunque la paleobotánica reciente ha venido a corregirlo.
El Castanea sativa estaba aquí antes que las legiones. Análisis polínicos del Pleistoceno encontraron polen de castaña en la franja cantábrica hace unos 12.000 años y restos carbonizados en hogueras de cuevas prehistóricas confirman uso humano pre-romano. El trabajo de Roces-Díaz et al. (Palaeogeography 491, 2018) identifica la cornisa cantábrica como uno de los principales refugios climáticos del castaño europeo durante la última glaciación, hace más de 20.000 años. Asturias era tierra de castañares antes de Roma. Lo que los romanos hicieron fue expandir su cultivo.
El peso de la castaña en la cultura material asturiana se mide en la lengua. La faya (haya) y el castaño comparten raíz indoeuropea *bhag-, que en origen significaba "comer", "alimento". La misma raíz da el griego phagós (comestible) y el latín fagus. En la mente neolítica, los árboles que daban fruto seco para superar el invierno (castaño, haya, roble, avellano, nogal) eran el alimento por defecto. La etimología recoge una jerarquía agrícola que precede a Roma en miles de años.
Hasta la llegada masiva de la patata (siglo XVIII-XIX, tarde en Asturias), la castaña fue la base calórica del invierno cantábrico. Los documentos de los monasterios benedictinos y cistercienses del noroeste peninsular registran el cultivo del castaño como el segundo más rentable tras la viña. Los contratos forales medievales fijan rentas en castañas. En Galicia, donde la pervivencia es paralela, la patata recién llegada de América se llamó castaña da terra y ese fue el alimento al que pretendía sustituir.
El paisaje conserva la huella. Asturias tiene un 72,6% de superficie forestal frente al 54,7% nacional. De ese 72,6%, el 85,8% son frondosas, con peso considerable de Castanea sativa.
La toponimia lo refrenda: Castañera, Castañedo, Castañeu, El Castañar de Bermiego (con el famoso castañar milenario). El amagüestu (fiesta otoñal de asar castañas) es pervivencia de la cultura milenaria de la castaña.
Y de ahí salió el pote. El pote asturiano es anterior al descubrimiento de América. Antes de las fabes (Phaseolus vulgaris, americanas) y antes de la patata (americana), el pote llevaba nabos, castañas, berzas y carne de cerdo. La castaña era el aporte calórico de la olla campesina. Su variante todavía viva, el pote de castañes o potaxe de castañes, es testimonio de aquella cocina anterior al intercambio colombino: castañas, patatas (ya añadidas aunque en algunos casos se suprimen), chorizo, morcilla y tocino, en algunos casos con berza y sin fabes. Receta más cercana a la matriz medieval del pote que la versión canónica con fabes y berza.
Receta del pote de castañes en el primer comentario (hay muchas variantes, no hay una canónica).
Bibliografía recomendada:
– Roces-Díaz, J. V. et al., "Glacial refugia and mid-Holocene expansion delineate the current distribution of Castanea sativa in Europe", Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology 491, 2018, pp. 152-160.
– Patrik Krebs, Marco Conedera et al., "Revising the sweet chestnut refugia history of the last glacial period with extended pollen and macrofossil evidence", Vegetation History and Archaeobotany, 2019.
– José Antonio López-Sáez et al., "Unraveling the naturalness of sweet chestnut forests in central Spain", The Holocene 27, 2017.