Trump va de hombre fuerte.
Pero cuando se encuentra con una periodista que, en lugar de hacerle una entrevista masaje, le hace preguntas de verdad, no responde, no argumenta, no debate.
Insulta. Se levanta. Y se va.
Hay pocas imágenes más elocuentes de la cobardía que se esconde detrás de la arrogancia de este narcisista patológico y autoritario.