Elisabeth Kübler-Ross, pionera en el estudio de la muerte, reveló que el alma no se apaga: se transforma.
El cuerpo es solo un vehículo, y al desprendernos de él sentimos una liberación profunda, como si despertáramos de un sueño pesado.
Lo que muchos temen es, en realidad, un regreso a la luz, a la esencia que siempre fuimos.
La muerte no es el final, es una transición, un pasaje hacia otra dimensión donde comprendemos que jamás estuvimos separados del todo.