Así está el Hospital Psiquiátrico del IMSS en Tlalpan
Recordemos que, en 2022, una reforma de Morena eliminó el modelo de hospitales psiquiátricos para trasladar estos servicios al primer nivel y a hospitales generales. El problema es que lo hizo sin planeación ni inversión 👇
Fue un acierto avanzar hacia un modelo de salud mental orientado a proteger los derechos humanos de los pacientes y a sustituir las prácticas de internamiento involuntario, por una atención basada en la comunidad, la prevención, el consentimiento informado y la reintegración social.
El problema es que, como ha ocurrido con otras decisiones de Morena en el sistema de salud, la transición se realizó sin planeación, sin presupuesto y sin desarrollar previamente la infraestructura y los servicios necesarios para sostener el nuevo modelo.
La reforma de 2022 modificó el marco legal, pero no estuvo acompañada de un programa de implementación. No se consolidó una red robusta de Centros Comunitarios de Salud Mental, no se capacitó al personal del primer nivel de atención ni se fortalecieron las capacidades de los hospitales generales para atender urgencias y padecimientos psiquiátricos.
Tampoco se resolvió el déficit de recursos humanos especializados. México cuenta con aproximadamente 0.36 psiquiatras por cada 10 mil habitantes. Además, los especialistas continúan concentrados principalmente en las grandes ciudades, mientras las comunidades rurales, indígenas y marginadas enfrentan mayores barreras para acceder a diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y seguimiento.
La transición hacia un modelo comunitario no puede limitarse a la reconversión de hospitales psiquiátricos. Requiere una red territorial de atención, equipos multidisciplinarios, mecanismos eficaces de referencia y contrarreferencia, disponibilidad de medicamentos, atención de crisis, servicios de rehabilitación psicosocial y capacitación permanente del personal médico y de enfermería del primer nivel.
Mientras se reconvierten o debilitan los hospitales psiquiátricos, los servicios que debían sustituirlos siguen siendo insuficientes. La reforma estableció un nuevo modelo en la ley, pero no garantizó los recursos humanos, presupuestales, materiales y operativos para hacerlo realidad.
El Hospital Psiquiátrico San Fernando refleja esta contradicción: una reforma que sirve para el discurso mientras el sistema de salud sigue debilitándose.