Soy un profesional nuclear con 27 años de experiencia. En mi tiempo libre, sin apoyo económico y con total independencia, divulgo sobre ciencia y tecnología nuclear. Lo hago por vocación, con pasión y convicción. Defender y promover la energía nuclear y las renovables no es de izquierdas ni de derechas, es una cuestión de ciencia y sentido del bien común.
La energía nuclear es tan sostenible como las renovables. Así lo demuestran múltiples estudios científicos y lo reconocen la Agencia Internacional de la Energía, la Unión Europea y Naciones Unidas. Así está considerada por casi todos los países avanzados del mundo y los que quieren serlo. No compite con las renovables, las complementa.
Mi padre fue sindicalista en los convulsos años 70 y 80. Me enseñó a trabajar duro, a defender los derechos de los trabajadores y también a cuidar la empresa que les da empleo. Si la empresa cae, perdemos todos. Hoy me anima a explicar que cerrar las nucleares es un suicidio energético que además destruye el sustento de 30.000 familias y comarcas enteras.
Trabajo como supervisor en la central nuclear de Ascó. Criamos a nuestros hijos, sanos y fuertes, a pocos kilómetros de dos reactores nucleares. No tengo miedo. Tengo conocimiento y experiencia. Sé que mi central funciona de forma segura, como acreditan inspecciones nacionales e internacionales, respetando la salud y el medio ambiente, gracias a cientos de profesionales comprometidos, que en su mayoría viven cerca con sus familias.
España no está preparada para depender solo de energías renovables variables, como la eólica y la solar. No garantizan un suministro eléctrico constante, ni estabilizan la red ante perturbaciones como la que causó el apagón del 28 de abril de 2025. Son imprescindibles, pero no suficientes. Y la alternativa a la nuclear no puede ser quemar más gas, que emite más CO₂, encarece la factura y perjudica la salud.
Pido a nuestros políticos conciencia, honestidad y responsabilidad. La política energética debe basarse en ciencia y tecnología, no en ideología. Escuchemos las evidencias. Solo así lograremos una transición energética justa, que proteja el clima, la salud, la economía... y no deje a nadie atrás.