El gran problema de tomar estas descripciones de la mitología griega al pie de la letra es que confunde recursos de la poesía y del arte con descripciones de la vida real. Por ejemplo, cuando Homero usa la frase "de brazos blancos" (λευκώλενος), no está haciendo una descripción etnográfica, ni describiendo los brazos de una sola mujer como Helena de Troya. En la poesía antigua, este tipo de frases fijas se repetían con distintas diosas y mujeres por tres razones: para mantener el ritmo de los versos, por estética y por simbolismo. Los expertos explican que estos adjetivos eran "genéricos", servían para que el poema rimara y fluyera bien, no para retratar a personas reales o históricas. Además, creer que estas expresiones son literales es ignorar cómo funcionaba el arte en la antigüedad. En las pinturas de Egipto o de las culturas del mar Egeo, ya existía la costumbre de pintar a las mujeres con piel clara y a los hombres con piel oscura. Esto se hacía para marcar diferencias de género, estatus social o el tipo de trabajo que hacían, no para hacer retratos idénticos a la realidad. Del mismo modo, palabras como ξανθός (xanthos) tenían un significado muy amplio, podían referirse a tonos dorados, cobrizos o castaños claros, y no estrictamente al "rubio" como lo entendemos hoy. Por eso, usar un par de frases poéticas como prueba definitiva para definir la "raza" o el aspecto físico de los antiguos griegos es un error grave de interpretación. Conviene acercarse a fuentes académicas antes de construir teorías demasiado pretenciosas sobre el tema:
University of Birmingham, "Formulaic Epithets in Homeric Poetry"
etheses.bham.ac.uk/id/eprint…