El subsidio del transporte público busca un beneficio colectivo. Mejorar la movilidad y la calidad de vida. Reducir el uso del coche y la contaminación de lo que se benefician especialmente los residentes.
Por este planteamiento es una falacia y un error.
Hay una norma nueva del Consorcio de Transportes de Madrid que ha generado ruido: desde el 15 de junio necesitas empadronamiento para sacar o duplicar tu abono de transporte personal.
Y ya estoy viendo el alarmismo.
Quiero decir algo claro: esto no es una ocurrencia ni una rareza. Es lo normal en cualquier gran ciudad que gestiona bien su transporte público.
En París, Londres o Roma hay tarjetas y tarifas especiales que sólo pueden disfrutar los residentes. Es lógica básica: los subsidios los financian los vecinos a través de sus impuestos, y lo razonable es que los aprovechen quienes realmente viven ahí.
Dentro de España pasa igual. En Barcelona, Valencia, o Bilbao hay tarifas reducidas sólo para residentes.
Madrid llega tarde a esto, no pronto.
Yo que voy regularmente a Londres me encantaría poder disfrutar de tarifas reducidas en el transporte público de aquí, pero no puedo, porque es lo correcto.
Así que la pregunta es simple: ¿vives en Madrid? ¿Estás empadronado donde vives?
Si la respuesta es sí, no tienes ningún problema.
Si no estás empadronado donde vives, ese es el problema real, y es independiente de esta norma. El padrón municipal es una obligación legal de cualquier persona que resida habitualmente en un municipio. No importa si eres español, europeo o extranjero. Si vives aquí, te empadronas aquí.
Y no es solo por el abono. El padrón es lo que acredita que eres vecino. Abre puertas a servicios, a trámites, a derechos. Es de las gestiones más sencillas y más ignoradas que existen.
Empadrónate donde vives. Es lo correcto.