Qué curioso que para algunos cambiar de cargo para seguir sirviendo sea “ambición”, pero cuando otros políticos saltan de puesto en puesto durante décadas, guardan un silencio absoluto.
Rafael ganó la Alcaldía de Lima y renunció para postular a la Presidencia porque se lo pedimos, sabemos que era el único que limpiaría el estado de la corrupción, iba a ser obras muy importantes en todo el país, ayudar a los que más necesitan etc, lamentablemente se lo bajaron con FRAUDE. Si ahora evalúa regresar a Lima, sería para culminar proyectos que dejó encaminados y continuar trabajando por la ciudad.
El verdadero debate no es cuántos cargos ha ocupado una persona, sino qué hizo en ellos. ¿Llevó agua a quienes no la tenían? ¿Impulsó obras? ¿Apoyó a las ollitas comunes? ¿Defendió los intereses de Lima frente a grupos poderosos? Eso es lo que los ciudadanos deben evaluar.
Intentar desacreditar a alguien únicamente por postular a distintos cargos no es un argumento político serio; es evitar discutir sobre gestión, resultados y propuestas. Al final, serán los limeños quienes decidirán si valoran su trabajo o no.
Las críticas son válidas. Los ataques sin sustento, no. (Campanita).