Otra cosa más: los pibes y pibas de la organización, "por pedido de la familia" (aclararon), ayudaban a cada grupo que quería desplegar su bandera por última vez delante de su héroe. A cada grupo, todos y cada uno lo pudo hacer. Lo vi. Esto lo grabé yo, de hecho.
Del otro lado de esa valla está el féretro del Indio. Una chica de la organización ve a una mujer que llega llorando. No para de llorar. La abraza. No la apura, la abraza.
Porque eso también nos enseñó el mister: a cuidarnos entre nosotros.