A veces la vida te rompe el corazón… y aun así sigues.
Te caes, sangras por dentro, pierdes cosas que creías eternas.
Y un día —sin épica, sin aplausos— te levantas
y vuelves a caminar.
Triunfas. Fracasas. Vuelves a intentarlo.
Gozas, sufres, te pierdes, te encuentras.
Porque esa es la naturaleza de vivir:
el cambio constante.
No vinimos a ser felices todo el tiempo.
Eso sería plano, superficial…
casi una tragedia silenciosa.
Vinimos a sentirlo todo.
A aprender mientras duele.
A resistir sin endurecernos.
A transformarnos sin perdernos.
A amar incluso después del daño.
Y si sigues aquí,
respirando, intentando, cayendo y levantándote,
es porque —aunque no siempre lo recuerdes—
ya sabes hacerlo.