En 1952, escribió Leonardo Ruíz Pineda, en el Prólogo al libro “Venezuela bajo el
signo del terror”, conocido como el Libro Negro de la dictadura perezjimenista, lo siguiente:
“Nuestros objetivos de la resistencia serían: reajuste interno de la Organización (se refiere al partido Acción Democrática, del cual era su Secretario General);
ensanchamiento de las zonas de influencia del Partido; lucha a fondo contra el régimen usurpador, para impedir su estabilidad; creación de bases para estructurar un poderoso movimiento antigubernamental que precipitase a la crisis al gobierno... Esos objetivos estratégicos debían lograrse mediante la táctica de la
diaria labor de proselitismo y de acción en el frente político... La mente colectiva, arrastrada por el fácil instinto de las multitudes, aspiraba a una rápida
escaramuza... La impaciencia, la ansiedad, el afán revanchista, todo coincidía en propiciar una maniobra relámpago para desalojar de Miraflores a los usurpadores.
La reorganización partidista y la creación de bases sólidas para un movimiento de largo alcance despertaban poco interés. Todos anhelaban la inmediata recuperación del poder, por la vía más rápida, como si se tratase de una competencia política sometida a reloj.”
La historia nos habla con claridad desde la pluma de Leonardo: no hay salida mágica a una dictadura, no hay atajos que sustituyan la paciente, constante y
tenaz conformación de un amplísimo movimiento social y político frente al cual, la fuerza de las armas sea absolutamente inútil.
El régimen, luego del gigantesco fraude cometido, la feroz represión desatada, el aislamiento nacional e internacional en el que se encuentra, ha perdido toda
pertinencia política, moral e histórica para sostenerse indefinidamente el el poder.
Nosotros, a lo nuestro: resistencia, organización, orientación a nuestro pueblo y movilización de todas las fuerzas sanas del país en defensa de la soberanía
expresada contundentemente el 28 de julio, para salvar la República Democrática, única posibilidad de mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos y el
engrandecimiento de la nación.
La victoria es inevitable, porque nace de la clara decisión libre y consciente de los venezolanos.