Carta Abierta al Senador Toledo López sobre el P. del S. 1245
Senador Toledo López:
He leído detenidamente el Proyecto del Senado 1245 y, como madre custodia, profesional y ciudadana puertorriqueña, me preocupa profundamente que una propuesta con consecuencias tan trascendentales para miles de jóvenes y familias se presente como una solución sencilla a problemas que, en muchos casos, ya cuentan con remedios legales.
Uno de los argumentos principales utilizados para justificar esta medida es que la emancipación resulta complicada y costosa. Sin embargo, me pregunto: ¿Cuánto cree usted que cuesta un caso de alimentos cuando un joven de 18 años tenga que acudir al tribunal para reclamar el sustento que necesita para continuar sus estudios?
Porque esa es la realidad que no se está discutiendo.
Un joven recién graduado de la escuela superior, enfrentando la transición más importante de su vida, tendría que comenzar un proceso judicial para reclamar la ayuda económica que necesita para completar una carrera universitaria. Y no estamos hablando solamente de dinero. Estamos hablando de abogados, trámites, comparecencias, estrés emocional y conflictos familiares.
Peor aún, en muchos casos tendría que demandar a ambos padres. Es decir, el mismo joven que todavía vive con su madre tendría que iniciar una acción legal contra ambas personas responsables de su sustento. Me pregunto si, antes de presentar esta medida, usted consultó a psicólogos, trabajadores sociales, orientadores escolares o consejeros universitarios para conocer el impacto emocional que tendría esto sobre nuestros jóvenes.
Yo sí he hablado con jóvenes universitarios que han atravesado situaciones familiares difíciles. Sé lo duro que es para ellos lidiar con conflictos familiares mientras intentan completar una carrera. Lo último que necesitan es verse obligados a litigar contra sus propios padres para poder estudiar.
También escuchamos constantemente el argumento de los jóvenes emprendedores. Pero me gustaría saber cuántos jóvenes emprendedores realmente han solicitado esta legislación.
La realidad es que la inmensa mayoría de los jóvenes emprendedores exitosos cuentan con el apoyo de un adulto: padres, abuelos, tíos, mentores o familiares que los orientan, respaldan económicamente y les ayudan a navegar procesos complejos.
Porque seamos realistas. ¿Cómo se supone que un joven de 18 años, recién graduado de escuela superior y sin experiencia profesional, prepare por sí solo un plan de negocios, estados financieros, proyecciones económicas y toda la documentación necesaria para solicitar financiamiento en una institución bancaria?
Y si realmente vamos a impulsar que nuestros jóvenes sean comerciantes y dueños de negocios a los 18 años, también debemos reconocer las responsabilidades que eso implica. Resulta contradictorio decir que tienen la madurez para asumir préstamos, contratos, nóminas, permisos, impuestos y todas las obligaciones de un empresario, mientras el propio Estado continúa limitándolos en otros aspectos que considera que requieren mayor madurez. ¿Cómo es portar armas, siendo empresarios? Para eso no son lo suficientemente maduros.
En otras palabras, queremos que asuman todas las responsabilidades de la adultez, pero sin las herramientas necesarias para hacerlo. Eso no es empoderarlos. Eso es lanzarlos al agua con las piernas amarradas.
Otro de los argumentos utilizados es que esta medida permitirá a los jóvenes abrir cuentas bancarias. Con respeto, senador, los jóvenes ya pueden abrir cuentas bancarias. Ese problema no existe.
También se argumenta que esta medida facilitará el acceso al empleo. Nuevamente, los jóvenes ya pueden trabajar. Lo han hecho durante décadas. La diferencia es que actualmente muchos pueden trabajar mientras estudian y continúan preparándose para aspirar a mejores oportunidades. Muchas veces brincando de trabajo en trabajo porque hay patronos que no quieren hacer acomodos para los que estudian, por eso es que el apoyo del hogar es indispensable.
Con esta propuesta, muchos jóvenes tendrán que escoger entre estudiar o trabajar a tiempo completo para sobrevivir. Muchos abandonarán la universidad. Otros quedarán atrapados en empleos de salario mínimo. Algunos dependerán de ayudas gubernamentales. Y muchos simplemente continuarán viviendo con sus madres, mientras estas siguen sacrificándose para sostenerlos económicamente.
Mientras tanto, los padres irresponsables recibirán exactamente lo que han buscado durante años: una salida anticipada de sus responsabilidades.
La realidad es que la mayoría de los casos de pensión alimentaria existen porque hay que obligar judicialmente a uno de los padres a cumplir con su deber. Si todos los padres cumplieran voluntariamente, ASUME no tendría razón de existir.
Por eso considero una hipocresía presentar la emancipación como un proceso demasiado costoso mientras se ignora el enorme costo económico y emocional de los casos de alimentos. Le recomiendo que converse con las examinadoras de ASUME, con los jueces de familia, con las madres custodias y con los propios jóvenes que han vivido esta realidad.
También considero una fantasía utilizar el ejemplo de los jóvenes emprendedores como fundamento principal para una reforma de esta magnitud. Son la excepción, no la regla. Y precisamente esos pocos jóvenes exitosos suelen contar con familias que los apoyan. Esta medida no fortalece ese apoyo; por el contrario, facilita que algunos padres se desliguen de sus responsabilidades.
Lo más preocupante es que esta legislación deja prácticamente huérfanos de protección económica a miles de jóvenes brillantes cuyos padres ya han demostrado que no cumplirán voluntariamente con sus obligaciones. La única razón por la que muchos pagan pensión es porque existe una orden judicial que los obliga.
Finalmente, me preocupa profundamente el mensaje que se está enviando a nuestros jóvenes.
Recientemente se informó nuevamente que Puerto Rico continúa perdiendo población joven a un ritmo alarmante. Si aprobamos una legislación que dificulta la permanencia en la universidad y adelanta la carga económica sobre jóvenes de apenas 18 años, corremos el riesgo de acelerar aún más ese éxodo.
Quizás deberíamos comenzar a invertir en más rutas aéreas desde Puerto Rico, porque esta podría convertirse en la manera más rápida de empujar a nuestros jóvenes a abandonar la Isla tan pronto reciban su diploma de cuarto año.
Porque la realidad es que en Puerto Rico los empleos bien remunerados son escasos. Crear un negocio requiere capital, permisos, asesoramiento y tiempo. En muchos casos, obtener todos los permisos necesarios puede tomar meses. Presentar el emprendimiento juvenil como la solución a nuestros problemas económicos no refleja la realidad que viven miles de familias puertorriqueñas.
Nuestros jóvenes necesitan más oportunidades, más educación, más apoyo y más estabilidad.
No menos.
Atentamente,
Yadira O'Farrill
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